Una insegura seguridad europea

Por Álvaro de la Cruz

Aprovechando el próximo Consejo Europeo de los días 19 y 20 de diciembre, durante el cual los líderes de los 28 tratarán -además de felicitarse las pascuas navideñas- de renovar los compromisos de la Política de Seguridad Común y Defensa de la UE (PESC/PESD), considero que es el momento idóneo para hablar de este solar que un día compramos los europeos, dispuestos a construir una bonita casa, y que quedó parcelado, con verja y alumbrado, pero sin un solo ladrillo puesto.

Sí, me voy a referir sin escrúpulos a un rotundo fracaso en la historia de la integración europea: la Defensa. A muchos os vendrán a la cabeza proyectos y ámbitos de mayor calado entre la ciudadanía en los cuales la agenda integradora se ha quedado aletargada, dormitante o, incluso, olvidada (fiscalidad común, legislación penal, diplomacia…), pero pese a su pobre acogida entre ciertos sectores de opinión, éste sigue siendo el campo de mayor relevancia en la proyección de los actores en el plano internacional. Esto es así porque, se mire desde la perspectiva huntingtoniana del choque de civilizaciones, o desde el tan socorrido paradigma de las guerras del agua, el siglo XXI no va a ser diferente a los precedentes y la capacidad de éxito en el desarrollo de las políticas comerciales (y de otras índoles) de los entes mundiales estará determinada en gran parte, por su Hard Power, por su músculo.

Algunos ya estaréis llevándoos las manos a la cabeza y jurándoos a vosotros mismos que somos una sociedad universal mucho más adulta y más inteligente y que nosotros no necesitaremos de bombas y misiles para la consecución de nuestras metas. Pues queridos amigos, con todo el respeto y cariño: ¡¡Despertad, gilipollas!!

No sólo no somos una generación más pacífica, sino que somos peores guardadores de la paz que nuestros padres y abuelos (esos que han conseguido décadas de paz en Europa y el consiguiente Nobel, ellos y no nosotros): ¿Qué hemos conseguido durante los pasados cuatro años en Magreb y Medio Oriente? ¿Hemos sido capaces de evitar los ríos de sangre en Siria? ¿Consigue nuestra política de sanciones económicas algo en la resolución de conflictos? ¿Son Irak o Afganistán países más seguros hoy que hace 10 años? ¿El conflicto palestino-israelí? ¿Rusia con sus vecinos? ¿Somalia? Esto se debe a múltiples factores, y ninguno somos maestros de la geopolítica contemporánea como para dar recetas milagrosas, pero sí podemos encontrar verdaderas deficiencias en nuestro saber hacer en materia de Seguridad Internacional. En primer lugar, debemos comprender -o recordar- que la única respuesta a por qué un Estado actúa de determinada manera con respecto a otro es siempre la misma: Porque puede. Y hoy por hoy, Europa no puede.

Así, el Consejo Europeo va a centrar su debate en tres objetivos concretos:

  1. Eficacia operativa
  2. Capacidades de defensa
  3. Una industria de defensa europea más sólida.

Las tres cuestiones necesitan de una profunda implicación de los Estados miembros y de un sustancial cambio. Hoy, la eficacia operativa comunitaria no es más que el disponer de unos pocos millares de efectivos que podemos desplegar a nivel global en pocos días, que mientras tanto disfrutan de una Erasmus militar en el Cuartel General del Eurocuerpo en Illkirch-Graffenstaden (Estrasburgo). Nuestra capacidad de defensa no ha sido probada en bastante tiempo, pero cuando los focos de peligro para nuestra seguridad interior se encuentran a poco más de 1.000 kms como fue el caso de Malí, no hemos sido capaces, ni tan siquiera, de resolver rápidamente la cesión de nuestros espacios aéreos a los ejércitos europeos aliados. Finalmente, qué decir de la industria europea cuando ciertos países miembros siguen haciendo su “lista de la compra” en Rusia o Estados Unidos antes que en casa, o cuando no conseguimos unir más que a cuatro o cinco países para producir nuestros productos estrella (Eurofighter Typhoon, Tiger, etcétera).

Sin duda el camino ha de andarse con pasos pequeños y seguros y no de un golpe, pero tengo por evidente que la Unión podría convertirse en protagonista en la resolución de múltiples conflictos de nuestros días con dos pilares básicos para su política de defensa: comandancia centralizada de los 28 y especialización y puesta en común de efectivos, facilidades y tecnologías entre miembros. Para ello, sería necesaria la valentía de nuestros líderes frente a la poderosa y lucrativa industria armamentística, sin duda. El resultado que puedo imaginar: un verdadero aparato militar de vanguardia, con muchos menos efectivos necesarios de los actuales, con mucho menos gasto individualizado, pero de mucho mayor nivel tecnológico, operativo y, sobretodo, con mucha más capacidad de imponer “respeto”.

Dicho todo lo anterior, mi conclusión es que, o cambia mucho el panorama tras la cumbre de diciembre, o a corto plazo nuestra política de seguridad nos hace tremendamente inseguros, como un gigante de latón, enorme pero lento y blando. Don’t agree? The floor is yours…