La Europa de los cuatro presidentes

Firma invitada: Èric Plaza 

Una de las cosas más difíciles a las que uno tiene que enfrentarse cuando estudia temas relacionados con la Unión Europea (UE) es definir qué es exactamente: ¿Una organización internacional? ¿Una confederación? ¿Una federación? ¿Una unión de Estados? ¿Una asociación de Estados?

Lo cierto es que la Unión Europea es un sujeto muy especial. Si nos ponemos a examinar a algunas organizaciones internacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU) o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la UE, jurídicamente cumpliría con todos los requisitos para ser definida como organización internacional. En la práctica, no obstante, es una especie de super-organización, pues sus competencias y herramientas son muy superiores a las que tiene cualquier otra organización internacional.

Hay algo en lo que nos diferenciamos especialmente con la ONU, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial: éstas organizaciones tienen un solo presidente o secretario general, mientras que la UE tiene nada más y nada menos que cuatro presidentes. ¿Cómo podemos expresar nuestra voz, defender nuestros valores, representar a la UE en el mundo con cuatro presidentes, con intereses a veces tan diferenciados?

La problemática de los cuatro presidentes no sólo radica en su número, sino también en que cada uno de ellos representa a una institución de la UE y ninguno de ellos al conjunto de la Unión… Así, tenemos al Presidente del Parlamento Europeo, al Presidente de la Comisión Europea, al Presidente del Consejo Europeo y la presidencia rotatoria del Consejo Europeo. Si expandimos algo más el concepto de representación, incluso también podríamos encontrarnos con la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, que sin ser Presidente, también representa a la UE.

Alguno podrá decir que la UE no necesita un solo presidente porque no somos una federación como los Estados Unidos de América. Sin embargo, existen ocasiones en la esfera internacional en que la UE actúa (y debería suceder aún más) como un solo actor y no como 28 actores. Ejemplo de ello son numerosas conferencias internacionales y organizaciones en que la UE actúa como UE, mediante un representante, al mismo nivel que cualquier otro estado. Además, existen importantes propuestas para que los estados europeos por sí mismos abandonen sus sillas para dar paso a la UE como, por ejemplo, la de que Francia y el Reino Unido abandonen el Consejo de Seguridad de la ONU y cedan su silla a la UE (aunque es complicado que suceda, al menos a corto plazo).

Constantemente se apela a la necesidad de más Europa y mejor Europa, y sobre todo, se apela a la necesidad de conseguir una Europa mucho más democrática. Pues bien, el primer paso es resolver el problema de la gobernanza europea.

No nos podemos seguir permitiendo tener cuatro presidentes. Lo lógico y razonable es que Europa sea representada por una sola voz o, como en muchos estados, por dos voces principales como bien podrían ser quien ocupase la presidencia del gobierno europeo (Comisión Europea) y por el Presidente del Parlamento Europeo. Pero sobre todo, lo más importante es que quien represente a Europa en el mundo sea quien ha sido elegido a través de las urnas

Las próximas elecciones pueden ser un importante paso pues, si todo sale según el guión establecido, votaremos unas listas cuyo primer puesto será el candidato a presidir la Comisión Europea. Ahora bien, la democracia, como siempre, depende de los ciudadanos. De nada sirve gritar para pedir más democracia si luego no acudimos a las urnas.

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