#Poormocracy en el Ágora de Europa

Por Olivia Rodríguez Cristóbal

La biblioteca de Alejandría en llamas, el Medievo avanzando en el mundo conocido, la impotencia de unos pocos que son conscientes de la incalculable pérdida. ¿Y si Amenábar nos estaba ofreciendo en Ágora un aperitivo de lo que sucedería si la historia volviera a repetirse?

Pongamos los escandalosos ejemplos de dejadez para con la preservación del patrimonio histórico europeo reducidos como si fueran una noticia pasajera: ‘se caen los muros de Pompeya’, ‘desaparece el Códice Calixtino’, ‘Venecia se sigue hundiendo’… y no se mueve un dedo. Si este desdén hacia el legado sobre el que se asientan nuestras bases se traspasa a la construcción europea, estaremos entonces ante un nuevo Medievo camuflado tras brillantes iPads y smartphones. Sin embargo, no seremos nada smart si permitimos, nosotros la ciudadanía, que se destruya el proyecto europeo sin hacer nada al respecto. Seremos un chiste de más de 500 millones de personas y no el mayor hito de democracia que jamás ha habido.

Hablando de chistes y realidades, qué tal algo como ‘se abre el telón y un profesor de ética política les dice a sus alumnos que se ha de presuponer que cualquier individuo con una función tribúnica tiene la obligación moral de trabajar por el bien de la ciudadanía a la que representa’. Es para cerrar el telón y reír por no llorar. ¿Cómo tomarse en serio semejante despropósito? Desde su chiringuito bruselense, la sensación e imagen de las instituciones y figuras políticas es devastadora, alienada y falta de consenso para resolver las demandas ciudadanas. Esta es la sensación en el ágora de Europa, temerosa del futuro y ensimismada con las naciones sin ser capaz de ver más allá.

Es necesario, hoy más que nunca, un cambio de óptica. Precisamente, de hecho fue una de las muchas cosas que se plantearon en la presentación de CC/Europa, hay que luchar contra la endogamia y el elitismo intelectual de los affaires europeos, salvar las asimetrías y promover el acceso al conocimiento del medio europeo. ¿El punto de partida? La educación política. [email protected] somos consumidores de política aún cuando no seamos conscientes de ello. La cuestión es aprender a ver que son precisamente los puntos comunes los que nos permiten progresar, y no el ser educados dentro de un cajón de sastre y distorsionado. No se trata de comprender de la noche a la mañana complejos procesos de toma de decisión o estrategias geopolíticas de respuesta a la Primavera Árabe; pero sí se trata de partir de la simpleza de conocer quién modela la realidad cotidiana y que a gran escala establece y afecta a nuestro día a día. De lo contrario estaremos permitiendo de nuevo que la biblioteca se queme, que los discursos xenófobos y reaccionarios que emplean la austeridad, el desempleo y la inmigración como cocktail facilón actúen como ungüento para toda queja y que tomen fuerza mellando una construcción que ha sumado más que ningún otro proyecto. Sin educación política, la pobreza de la democracia toma alas. ¿Cómo evitar esta #Poormocracy? A pesar de que en nuestra unión está nuestra fuerza, es en nuestra diversidad donde radica nuestra riqueza. Esta cita de Van Rompuy en 2009 sigue a la orden del día, poniendo el foco en la esencia misma de Europa y en lo que le confiere un carácter único. Los ciudadanos -y especialmente esta generación nuestra ya europeizada-, como buenos consumidores comunitarios, tenemos tan interiorizados los logros que nuestra corta memoria (sumada a la crisis) está haciendo que se nos escape algo tan representativo como el porqué de la sublevación en Ucrania. Europa es el camino, incluso ahora que está ‘constipada’. Mayor motivo para cuidarla, especialmente ahora que le toca examinarse en los próximos meses. Sí, es cierto que las elecciones europeas de mayo se dan en un contexto de crisis política y económica sin precedentes en la UE, pero nunca las grandes figuras surgieron en tiempos de calma. ¿Y por qué no ser todos grandes figuras? Seamos conscientes de lo que está en juego, como por ejemplo el nada desdeñable hecho de que estas elecciones son el mayor ejercicio democrático que existe y del que todos formamos parte.

Salgamos a la arena europea, protejamos su legado pero -más que eso-, mejorémoslo. Conservemos las bases que nos hacen un proyecto único mejorando el patrimonio político y afianzando su construcción entre todos. Europa no, una #MejorEuropa en la que ciudadanos responsables y conscientes vigilen, protejan y trabajen por evitar que se hunda esta Venecia que es de todos.