Sobre percepciones y oportunismos varios

Por Vicente Rodrigo

Mover la participación en unas elecciones europeas ha llegado a convertirse en todo un reto. Que si Europa es lejana, que si no la entendemos bien, que si nos da pereza entenderla. Al fin y al cabo, parece que lo poco que sabemos de lo que se cuece en Bruselas es sobre recortes, Merkel y austeridad.

Muchas veces la escasa motivación del votante para ir a las urnas en este tipo de comicios es el resultado de castigar al partido que le gobierna o dar su opinión en clave electoral sobre lo que está pasando en los asuntos internos del país, una actitud que nos confirmaba Metroscopia el pasado mes de noviembre:

Lejos de disgustar, parece que esta opción no sólo se recibe bien entre nuestros políticos, sino que se fomenta.

Si algo ha dejado patente la crisis que atravesamos es que Europa tiene mucho más que decir de lo que la mayoría esperábamos. Es un momento de reinvención y transformación del continente con unas instituciones poco a poco más democráticas (ampliación de poderes del Parlamento Europeo, cambios en la elección del presidente de la Comisión Europea) y más poderosas (unión bancaria que empodera al BCE y nuevos organismos supervisores). La responsabilidad de nuestros políticos para hablar bien, claro y directo de la Unión debe ser más comprometida que nunca.

Ni locales, ni autonómicas, ni en clave nacional. Estamos en un momento crítico en el que se decide el rumbo de la Unión Europea,  debemos huir de aquellos que van a politizar estas elecciones con asuntos domésticos, y debemos avanzar hacia la consolidación de una opinión pública europea, un espacio en el que ciudadanos de diferentes países y lenguas están unidos por inquietudes comunes.