Europa, una superpotencia. . . ¿te lo crees?

Por Rubén Ruiz Calleja

¿Dudas de que la Unión Europea sea una superpotencia porque no es capaz de hablar con una sola voz en la escena internacional? Pregúntate más bien lo siguiente: “¿Cómo es posible que Europa no hable con una sola voz siendo una superpotencia?“. Sí, claro que lo es, si no, ¿cómo es posible que la UE, con tan sólo el 7% de la población mundial, produzca un cuarto de la riqueza de todo el mundo, que cuente con el mayor PIB y que sea el mayor exportador de bienes y servicios, así como el mayor receptor y remitente de inversión extranjera directa? Pero es que aún hay más razones, ¿cómo no va a ser la Unión Europea una superpotencia cuando es el mayor donante de ayuda al desarrollo, el mayor contribuyente a organizaciones internacionales y la segunda potencia militar?

¿Por qué, entonces, la Unión Europea carece de protagonismo en la escena internacional? Básicamente porque existen en Europa tantas políticas exteriores como Estados miembros, pero sin una política exterior única y, por tanto, sin una sola voz. Hemos visto esta división en las intervenciones en Yugoslavia a partir de 2001 y en Irak en 2003; también con motivo de la declaración de independencia de Kosovo, con la inclusión de Palestina en la UNESCO en 2011 y como observador en la ONU en 2012. Pero Europa también cuenta con importantes éxitos, sobre todo en el terreno de las negociaciones diplomáticas y en la mediación en conflictos, como el papel mediador entre macedonios y albaneses en el conflicto de 2001, su contribución desde 2003 para sancionar al régimen iraní, el papel europeo en 2004 tras la “Revolución Naranja” en Ucrania, la mediación europea para el acuerdo de paz ruso-georgiano en 2008, así como en el proceso de diálogo entre Serbia y Kosovo tras la declaración de independencia kosovar.

La UE necesita, básicamente, dos cosas para que pueda hablar con una sola voz. En primer lugar, algo tan obvio pero que muchas veces se olvida o no se hace: creer en Europa. La UE necesita que creamos en su potencial, y parece que desde muchos lugares de fuera de la UE, el modelo europeo, sus valores y sus principios se ven con más entusiasmo que desde dentro. ¿Quién, si no somos nosotros, los jóvenes europeos, va a defender y continuar desarrollando un proyecto de construcción europea que nuestras generaciones pasadas pusieron en marcha? Ellos creían en Europa y consiguieron empezar a integrar a las naciones europeas en varias Comunidades, hoy una sola Unión. Es nuestra responsabilidad mejorarla, dando más protagonismo a Europa en donde todos los europeos consideremos necesario, como puede ser la política exterior, siempre con el objetivo de construir una Europa mejor. Y Europa siempre será mejor si consigue mejorar el bienestar de los ciudadanos. Y no podremos mejorar algo en lo que no creamos.

El segundo paso, algo tan simple de decir pero complejo de poner en práctica, y que siempre escuchamos pero que no está de más repetirlo: hace falta voluntad política. Lógico, ¿no? Pues resulta que somos veintiocho en este club europeo y, por tanto, no es fácil ponerse de acuerdo. Pero si hay algo que beneficiará a todos los países europeos es poder dar una imagen unida en el exterior y ser capaces de decir algo en nombre de todos. Parece fácil decirlo, y no debería ser difícil de llevar a cabo si se cumpliera lo que he señalado antes, es decir, si realmente creemos en Europa y en todo lo que nos puede aportar. Creámonos lo que somos, una superpotencia, y actuemos como tal.