Construyendo una mejor Política Exterior Europea

Firma invitada: Enrique de Vega González*

He de reconocer que soy escéptico en cuanto a la política exterior europea. Si bien es cierto que montar un servicio exterior casi de la nada no es tarea fácil, y menos con gigantes dentro de casa, tengo la impresión (quizá subjetiva), que Lady Ashton ha dedicado más su tiempo como Alta Representante a declarar su preocupación sobre lo que acontece en el mundo que ha implicarse en dichos asuntos. En los últimos meses esto parece estar cambiando, con la aparente buena sintonía entre Asthon y John – a man on a mission – Kerry en los grandes asuntos de la agenda internacional. Sin embargo, como europeísta crítico, no quiero buscar excusas sino alternativas.

 

Al igual que seguramente Asthon no haya tenido la libertad que hubiese deseado para actuar con los intereses de la UE en mente, tampoco se pueden buscar soluciones milagrosas para de repente cohesionar los intereses de los estados miembros. Le pese a quien le pese, Europa es un proceso progresivo, no revolucionario.

Con esto en mente, debemos buscar la forma de encauzar la acción exterior de los diferentes estados miembros para que estén cada vez en mayor sintonía con la de la Unión; y a poder ser, que sea de forma permanente. Tres vías se me ocurren para conseguir esto: la primera (y más utópica) consistiría en “deconstruir” las políticas exteriores nacionales para “sustituirlas” por la europea. No solo esto no sería aceptado por muchos estados sino que la política exterior europea no es un ente independiente que pueda ser completamente separado de las políticas exteriores nacionales.

La segunda vía sería la de inundar la política exterior europea de los intereses nacionales. Sin embargo, si bien este es un fenómeno que existe y ha sido ampliamente estudiado, solo puede hacerse hasta cierto punto ya que en algunos casos los intereses nacionales entran en conflicto, por ejemplo el fuerte intervencionismo francés en el Sahel contra la constante negativa alemana a intervenir militarmente fuera de sus fronteras. A pesar de que la política exterior europea no pueda separarse del todo de los intereses de los estados miembros, esto no significa que la UE deba servir solo intereses nacionales, ya que esta ha adquirido intereses de por sí en varios campos. Y, en ultima instancia, ese debe ser el camino a seguir.

Es por eso que la tercera vía, aquella que creo debe seguirse, va en la búsqueda de sinergias entre nuestros puntos fuertes, en vez de eliminarlos. Se trata de crear vínculos entre los países en torno a una política exterior cada vez más unificada. Estamos hablando de especialización; que cada uno se centre en donde más influyente es en favor de la Unión, en vez de que todos hagan de todo según les plazca de forma ineficiente y descoordinada. La manera de conseguir esto es, en mi opinión, creando Task Groups de entre los países miembros. Cada Task Group, centrado en una región o tema concreto, estaría compuesto por aquellos países con un especial interés en el. Así, por ejemplo habría un Task Group Mediterráneo (formado por España, Francia, Italia, Grecia y Chipre), un Task Group Europa oriental (formado por Alemania, Polonia, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Eslovenia…) o un Task Group Iberoamérica (formado por España y Portugal).

¿Cómo organizar tal enjambre? En primer lugar debería haber un consenso de los Task Groups permanentes a crear, con posibilidad de crear grupos ad-hoc por decisión del Consejo de la UE. Además, para asegurar la equidad, se debería limitar el número de Task Groups a los que cada país puede pertenecer a 2-3. Y, por ultimo, sobre la organización interna del Task Group, ¿por qué no imitar la organización del Consejo de la UE con su presidencia rotativa? (siempre asegurando la coordinación a largo plazo).

La pregunta que surge ahora es: ¿no supondría esto una atomización de la política exterior europea? Es un riesgo, pero acaso no llegaríamos a la estructura clasica de direcciones generales de un ministerio de asuntos exteriores cualquiera, solo que con esteroides? Es inevitable que en un principio esta superestructura sea amorfa, es por eso que una vez más debe aplicarse de manera progresiva. Me resulta difícil imaginar un país que de primeras decidiese dedicar el 100% de sus recursos al Task Group al que pertenezca. Sin embargo, empezar en, digamos, un 10% e ir aumentando de forma gradual puede ser una hoja de ruta sobre la que construir consenso entre los estados.

Ucrania, la guerra civil en Siria, el acuerdo nuclear con Irán, una solución permanente para Palestina, el aumento del terrorismo en el Sahel, la violencia en República Centroafricana, la piratería en el cuerno de África, el acuerdo de comercio transatlántico, el deshielo del Ártico o el cambio climático son solo algunos de los retos a los que la Unión se enfrenta en el exterior. Si queremos actuar con una única voz en todos ellos para hacernos oír en la escena internacional, antes debemos hacer cambios dentro; debemos construir, canalizar y potenciar esa voz europea, que es nuestra voz.

A lo mejor esta idea no es más que una utopía, o a lo mejor no, lo desconozco. Lo que sí tengo claro es que debemos buscar fórmulas, esta u otras, para que la Unión Europea que queremos sea un miembro activo y comprometido de la Comunidad Internacional.

*Enrique de Vega González es estudiante en la Universidad Rey Juan Carlos. Síguelo en Twitter: @EdeVegaG