Europa y los fondos soberanos: guía para no iniciados

Por Javier Capapé

Desde hace unos años, de manera más viva desde el estallido de la crisis financiera mundial de 2007-2009, el mundo de las finanzas ha experimentado cambios muy importantes. Uno de los cambios relevantes ha sido la llegada de financiación procedente de los países que durante mucho tiempo formaron la “periferia” del mundo: Medio Oriente, Sudeste Asiático, China…

Los motivos son varios. Uno de ellos son los famosos “global imbalances”. En español se pueden traducir por desequilibrios globales, aunque suene menos cool. La idea es que Estados Unidos y otros países OCDE (el club de los “países ricos”) han gastado mucho más de lo que producían en casa. Esto es sencillo: si compro 100.000 lavadoras y sólo produzco 30.000 en mi país, las otras 70.000 las he comprado a otro país. Mi déficit comercial (así se llama) en lavadoras es de 70.000 lavadoras. Esto significa, llevado a escala macro y aplicado a todos los bienes y servicios, que Estados Unidos y otros países europeos (España, Reino Unido, Francia, Polonia, Italia) tenían un déficit con el exterior muy importante. ¿Con quiénes? ¿Quiénes producían esos bienes (coches, lavadoras, ropa, tecnología, petróleo, comida…) que hemos importado durante tanto tiempo? Sobre todo China, Corea del Sur, Singapur, Qatar, Arabia Saudita… Aunque también algunos países europeos como Alemania, Suiza o Noruega (por diversos motivos).

El caso, los países de la “periferia” estaban recibiendo mucho dinero de parte de los “países ricos”. Esto ya había ocurrido en otras ocasiones. No es la primera vez que los países occidentales consumen más de lo que producen. Pero esta vez algo había cambiado. Desde 1997, con la terrible crisis de la deuda en el sudeste asiático, los países de la periferia (utilizo este término de modo pedagógico: si algo quieren dejar claro estas líneas es que tal separación centro-periferia cada vez tiene menos sentido) aprendieron que los ingresos recibidos por las exportaciones tenían que ser utilizados de manera racional. Fue así como los gobiernos de muchos de estos países aprendieron a “almacenar” esas cantidades ingentes de dólares que conseguían exportando. Y un modo que se puso de moda para almacenar semejante volumen de dinero fue la creación de muchos fondos soberanos.

Con esta introducción me será fácil explicar qué es un fondo soberano: no es más que la acumulación (fondo) de dinero (habitualmente en dólares) controlada por un gobierno. Y como todo fondo de inversión, los fondos soberanos se dedicaron a invertir su dinero por el mundo. Hoy en día, los fondos soberanos gestionan 5,5 billones de dólares. Ya sé que esta cifra significa muy poco para el común de los mortales. Por situarnos, España produce en un año 1,4 billones de dólares, aproximadamente. Así que estos fondos gestionan hoy lo que España es capaz de producir durante cuatro años. Y una parte grande de esos 5,5 billones está invertida en empresas de todo el mundo.

A diferencia de sus primos, los fondos de inversión privados, los fondos soberanos son pocos, pero son más fuertes. Hay cerca de 15.000 fondos de inversión en el mundo (de varios tipos y colores), que gestionan aproximadamente unos 25 billones de dólares. Es decir, un fondo de inversión privado gestiona de media 1.700 millones de dólares. Sin embargo, los fondos soberanos (FS) no llegan a 90 (el número varía en función de la laxitud de la definición) y como hemos dicho, gestionan en total 5,5 billones. El FS promedio gestiona 60.000 millones de dólares. Los fondos soberanos son 35 veces más grandes que sus primos privados. Eso explica el revuelo que ha generado su entrada en las finanzas internacionales.

Y en Europa, ¿qué relación tenemos con los fondos soberanos? Quiero destacar tres temas, de los muchos que relacionan FS y Europa.

  1. Europa, concretamente Noruega, que no es miembro de la Unión Europea, posee el fondo soberano más grande del mundo. Los ingresos que han generado el gas natural y el petróleo se han acumulado desde el año 1990 y el fondo alcanza los 830.000 millones de dólares. De hecho, Noruega es la excepción que confirma la regla: es un fondo que no está en la ‘periferia’ y cuyo funcionamiento está regulado y controlado directamente por el parlamento noruego. Es común que el resto de FS operen desde países donde ese “rendimiento de cuentas” (accountability anglosajona) es más limitado (la mayoría son autocracias).
  2. Los europeos hemos recibido inversiones importantes de los fondos soberanos. Europa es una región que gusta a los FS. Londres y París son destino habitual de sus inversiones en el sector inmobiliario. El rascacielos más alto de Europa, “The Shard”, está financiado por capital catarí ligado a los FS. Además de real estate, los FS han invertido en otras empresas emblemáticas: un fondo de Qatar es dueño de las míticas tiendas Harrods en Reino Unido. Otro de Abu Dhabi compró, en 2011, la española CEPSA  y recientemente ha ubicado sus oficinas en la Torre Norman Foster de la Castellana de Madrid. El chino SAFE tiene inversiones en gigantes energéticos europeos, incluidos más de 3.000 millones de dólares en la francesa GDF Suez…
  3. Por último, la mayoría habrá escuchado la polémica que estos FS suscitan. Al final y al cabo, se trata de gobiernos que invierten en empresas que están ubicadas en otros países, dirigidos por otros gobiernos. En varios momentos los gobiernos en Francia o Alemania manifestaron su preocupación porque los fondos soberanos invirtiesen en empresas de sectores estratégicos de su economía buscando un interés más allá del retorno financiero. Este temor fue persistente antes de la crisis. Sin embargo, con la llegada de las turbulencias globales, los países abrieron sus puertas de par en par a la “inversión soberana” en búsqueda de una financiación que no eran capaces de generar en casa. Un buen ejemplo de que ese temor se ha superado lo encontramos en Heathrow. Nada más estratégico que un aeropuerto. Pues bien, entre tres fondos (Qatar, Singapur y China) poseen más del 40% del capital del aeropuerto más importante de Europa.

Está por ver si la llegada de una nueva bonanza económica volverá a traer los miedos y recelos del pasado a los gobiernos europeos. De momento, todo apunta a lo contrario. De hecho, la mayoría del tráfico aéreo en Europa… pasa, hoy por hoy, por la “periferia”.