Cómo nos desinforman

Por Alejando Barón

La Unión Europea es percibida en muchas ocasiones como un ente lejano y distante, y a la luz de sus políticas, en ocasiones, merece ser juzgada así. Pero como exponía mi amigo Salva Llaudes hace poco, además del rechazo y el hartazgo, otra fuerza potente influye en las ideas que la ciudadanía tiene sobre la UE: el desconocimiento. Sin embargo, la causa de este desconocimiento viene de más arriba. En este post, no hablaré del desconocimiento, sino de la desinformación.

En este artículo busco explicar brevemente y sin pretensiones lo siguiente: que, en ocasiones, existe una información poco exacta e interesada respecto de la UE, cuando no directamente una voluntad de desinformación para obtener resultados editoriales o económicos. Esto puede ser beneficioso en el corto plazo y en dinero contante y sonante, pero no es en correcto en términos de corrección profesional (deontológicos) ni tampoco éticos, en tanto que ciudadanos.

Vaya por delante que mis críticos me dirán que estoy siendo un eurófilo buenista, y que también se podría decir que los medios de comunicación suelen cometer errores en las páginas de información europea beneficiando a la UE, o incluso vertiendo críticas gratuitas hacia aquellos que más critican a la UE, como los partidos llamados “eurófobos” y/o “populistas”. Estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, les dejo a ellos a cargo de articular esta denuncia.

Por nuestro lado, conviene empezar por donde empieza la desinformación: por los planes de educación y la propaganda institucional.

Ninguno de los planes de educación secundaria recientes ha incluido una asignatura específica sobre Historia de Europa, y las referencias a la construcción europea en las asignaturas de Historia y de educación cívica suelen ser dispersas y estar camufladas. En carreras de Ciencias Sociales como Economía, Administración de Empresas, Sociología e Historia, el peso docente sobre materias relacionadas con la UE es también claramente deficitario.

En este caso, los números son como el algodón. No engañan. El último eurobarómetro señala que el 49% de los españoles no sabe / no contesta cuando se le pregunta algo tan básico como si conoce alguna institución de la Unión Europea, frente a un 12% en Italia, 17% en Alemania, 18% en Francia, 19% en Portugal o 22% en Grecia. Descorazonador.

Pero vayamos ahora al terreno institucional para ver otro canal de información que falla. En la siguiente infografía, que tomaremos como muestra, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación (MAEC) nos aclara de manera bonita y vistosa  “cómo se toman las decisiones en Europa“. Incluso a un lector ingenuo no se le escapará que según este esquema del MAEC, el único vínculo de España para informar e influenciar las políticas de las Instituciones Europeas es a través de la Secretaría de Estado para la Unión Europea (SEUE).

Según esta lógica, el MAEC considera que las relaciones con Europa son relaciones exteriores llevadas a cabo por el propio ministerio. Como las que tenemos con Camerún, Uruguay o Uzbekistán, vaya.

No importa que en España, la Presidencia del Gobierno, todos los ministerios, el poder legislativo, el Poder Judicial, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y también numerosas empresas, actores sociales y de la sociedad civil tengan vínculos formales e informales con Bruselas, cuando no forman directamente parte de la red de “lobbies” que conviven en la capital Comunitaria y que agrupe desde asociaciones de consumidores a la patronal energética (esto merece de por sí un debate de contenido moral a parte que otros ya han empezado a avanzar en nuestro país y fuera). Eso, sin contar que hay un doble canal de representación directa (el Parlamento Europeo) e indirecta (los jefes de gobierno europeos que van al Consejo Europeo) que también tienen algo que decir, por poco que sea, en política europea. A la inversa, tampoco importaría que la legislación europea ya tenga un peso importante entre las leyes españolas.

Por tanto, hay poner las palabras de las instituciones en sus justos términos: el MAEC considere que las relaciones de España con la UE sean un capítulo más de las relaciones de nuestro país con el exterior. Si ello es así, no hemos aprendido nada.

Pero todavía hay actitudes aún más sangrantes, en las cuales bajo la etiqueta de la denuncia se busca la confusión, cuando no la manipulación. El problema es que estas actitudes suelen quedar impunes. Una imagen lo plasma muy bien, y aún más un artículo en el cual se acusa explícitamente a la UE de fracasar en un tema cuando quien tiene la culpa son los gobiernos de los Estados Miembros, que deciden en función de sus propias preocupaciones internas frente a un plan propuesto por un órgano comunitario. Incluso se llega a reconocer este hecho en el contenido del artículo, con lo cual el dislate entre título y contenido resulta aún más capcioso. Que cada uno saque sus conclusiones.

Obviamente, la UE está lejos de ser perfecta. Muy lejos. Sus actuaciones tampoco son defendibles en muchas ocasiones. Sin embargo, la información merece ser tratada con justicia y rigor. Como ciudadanos y lectores, nos lo merecemos.

Este es un pequeño resumen de otros tantos posibles donde se presenta un retrato distorsionado de lo que son los canales del poder hacia Europa y desde Europa. No podemos pedir a los nuevos medios de comunicación, blogs y redes sociales que asuman toda la titánica tarea de informar a la ciudadanía en muchos temas, pero en especial sobre la Unión Europea. Para poder hablar sobre la UE con propiedad, hacen falta tres cosas que por otra parte, son de sentido común: empezar por la educación, seguir con una correcta política de comunicación institucional, y por último, unos medios de comunicación creíbles y honestos, cumpliendo su función de cuarto poder institucional.