Del mundo académico al profesional: facilitar la movilidad

Por Rubén Ruiz Calleja

Cuando oímos hablar de la Unión Europea y de los logros alcanzados, la movilidad siempre aparece como uno de esos éxitos. Y no faltan razones. La libre circulación está entre los logros de la UE más valorados por los ciudadanos, lo cual aumenta el sentimiento de pertenencia a la Unión Europea. Podemos vivir, estudiar y trabajar en cualquier Estado miembro de la UE, pero aún existen obstáculos burocráticos que pueden frenar a muchos jóvenes que quieran o estén pensando en continuar sus estudios en otro país europeo o buscar trabajo fuera de España.

La excesiva burocracia europea supone un problema para la movilidad y, por tanto, debe reducirse. Los Estados miembros siguen siendo los que mantienen la potestad de subordinar el acceso a una profesión a la posesión de una cualificación profesional, siempre dentro de los límites del mercado interior. Sería favorable promover que aquellos universitarios que lo deseen puedan realizar parte de los estudios en otro país europeo, pero no sólo unos meses como ofrece el programa Erasmus, sino un ciclo completo sin trabas para las convalidaciones y el reconocimiento de los estudios ya realizados. Además, hay que fomentar en la UE que los titulados o aquéllos que estén terminando sus estudios contemplen todo el mercado laboral europeo para la búsqueda de empleo en lugar de centrarse y cerrarse en el mercado laboral nacional. Esto supondrá contar con más opciones, un mayor abanico para la elección y, por tanto, una manera de disminuir el desempleo gracias a una mayor movilidad.

Los jóvenes de hoy pertenecemos a la primera generación europeizada y, por tanto, tenemos que pensar en Europa y no sólo en nuestro país también a la hora de acceder al mundo laboral. A eso hay que añadir que somos la generación más y mejor formada, por lo que la UE debe dar incentivos a los jóvenes para facilitar esta movilidad y eliminar obstáculos que la impiden. Para ello, hay que empezar desde la base, la educación, y crear mejores enlaces entre los responsables académicos y el mundo laboral, vinculando la formación académica y la profesional mediante más contactos transnacionales entre universidades europeas y empresas, instituciones y demás empleadores para buscar puntos de encuentro que mejoren la formación universitaria adaptándola a las salidas profesionales, así como ampliando la oferta para realizar prácticas en cualquier país europeo como parte esencial en la fase final de los estudios universitarios.

La convergencia de los sistemas educativos en los Estados miembros, que debería ser cada vez mayor gracias al Espacio Europeo de Educación Superior, deberá llevar al reconocimiento automático de los títulos dentro de la Unión Europea. En primer lugar, no sólo hay que facilitar la posibilidad de cursar parte de los estudios en otro país europeo, sino que sería conveniente fomentar los programas conjuntos entre universidades europeas acreditados con un diploma europeo además de las correspondientes certificaciones de las universidades. Posteriormente, una vez acabados los estudios, los títulos deben ser reconocidos automáticamente para que los recién graduados gocen de total libertad para escoger sin trabas burocráticas el destino para ejercer su profesión, de forma que sea más fácil para los jóvenes encontrar empleo fuera de su país.

Una mayor movilidad de profesionales cualificados no sólo beneficiará a éstos, ya que les facilita la búsqueda de empleo, sino también a los países que necesitan mano de obra cualificada y conocimientos especializados, viéndose favorecida, por tanto, la economía europea. Una Europa para que los jóvenes pasen sin obstáculos de la formación académica al mundo profesional nos conducirá a una Europa con más movilidad, más intercambios, más conocimiento, más innovación, más empleo y menos burocracia. En definitiva, una mejor Europa.