La unión bancaria, el primer paso para la reintegración financiera

Por Wojciech Golecki 

Artículo del libro Europa 3.0. 90 miradas desde España a la Unión Europea, editado por Ideas y Debate. Descarga gratuita haciendo clic aquí

Una unión monetaria solo puede funcionar eficientemente si aparenta perpetuidad, las entidades financieras están en disposición de intercambiar liquidez en condiciones similares y el precio de la misma es independiente del espacio geográfico en el que se sitúe. La Eurozona dejó de cumplir estas condiciones durante esta crisis.

La integración financiera fue el paso previo a la integración monetaria. Era condición necesaria que los capitales tuviesen movilidad plena antes de introducir el capital líquido por excelencia, el dinero. Los instrumentos financieros de características iguales, bajo las mismas condiciones, debían tener el mismo precio con independencia del origen de los agentes participantes. Así pues, los miembros de la Zona Euro pudieron disfrutar durante la primera década del presente siglo de una homogeneización de los costes de financiación de la deuda pública a pesar de tener distintas calificaciones crediticias. La crisis soberana rompió con aquella ilusión. Resultó no sólo que los Estados no eran homogéneamente creíbles, sino que, por extensión, tampoco lo eran sus sistemas financieros. La credibilidad de la banca europea, responsable en un 80% de la financiación de la economía real, se volvía heterogénea y con ello el dinero mismo.

El gran motor de la fragmentación de mercados, la prima de riesgo, se debía, tanto a la probabilidad de rotura de la Eurozona como a la probabilidad de impago por parte de sus miembros. Se trataba en definitiva de un tipo de cambio interno creciente que quebraba la política monetaria única y mermaba la eficacia del mercado único. Sumados ambos riesgos en 2012, empujaron a las autoridades a hacer lo que fuese necesario para hacerles frente y restablecer la homogeneización de niveles pre-crisis. La liquidez debía estar igualmente segura en cualquiera de los países miembros,  ya sea en forma de depósito bancario o en forma de cualquier otro producto financiero, solo que esta vez detrás habría reformas.

A nivel europeo se reforzaba el compromiso aprobando un plan para completar la Unión Económica y Monetaria a través de mayor integración financiera, económica y fiscal apoyados por un banco central dispuesto a comprar el tiempo necesario para llevarlas a cabo. A la par, debían reforzarse todos los eslabones de la unión con reformas a nivel nacional. En el caso específico de la banca, las reformas debían restaurar la homogénea credibilidad de todos los sistemas financieros para la correcta transmisión de la política monetaria lo que exigía, entre otros, relajar la causalidad problema bancario y rescate público.

En este contexto, la unión bancaria supone encomendar a instituciones europeas la responsabilidad por la aplicación homogénea en la Zona Euro de la nueva regulación bancaria. La mera armonización de normas para reforzar a las entidades bancarias u obligar a los acreedores a asumir pérdidas antes que el contribuyente no era suficiente. La nueva legislación debía ser interpretada y aplicada de forma homogénea dentro de la unión monetaria para prevenir por un lado mejor los problemas y por otro, en caso de ocurrir, mejorar la gestión de los mismos sin que pudiese haber diferencias entre países más o menos pudientes. Así bien, la responsabilidad por la supervisión de las normas prudenciales se encomiendan a la credibilidad y prestigio del BCE y la responsabilidad por la homogénea aplicación de las normas de resolución de bancos se cede a la Junta Única de Resolución con acceso a un Fondo Único de Resolución financiado por la propia industria bancaria. El BCE empezará a ejercer como supervisor único en noviembre de 2014. Antes, llevará a cabo una evaluación global que identifique y calibre los errores de supervisión de sus predecesores. A su vez, la Junta y el Fondo iniciarán sus funciones una vez estos problemas hayan sido saneados, entre 2015 y 2016.

El crecimiento de la prima de riesgo se logró frenar e incluso revertir gracias a la aminoración de ambas probabilidades que la componen. Aun así, todavía la prima permanece alta y con ello el distinto trato entre empresas europeas que necesitan financiación. Un nuevo periodo de estabilidad financiera queda pendiente de que se completen las reformas planteadas y que el nuevo marco bancario haga frente a las expectativas generadas.

Wojciech Golecki, economista miembro de CC/ Europa