Europa pierde en el debate entre Cañete y Valenciano

Por Hugo Cuello

No, este titular no es de El Mundo Today. Si cualquier otro ciudadano europeo que entendiera un poco de español hubiera visto por error debatir a Elena Valenciano y Miguel Arias Cañete el pasado jueves en RTVE, lo último que habría pensado es que estaban debatiendo sobre las mismas elecciones a las que también votarán sus compatriotas en una semana.

El #CaraACaraTVE siguió el mismo formato al que nos tienen acostumbrados en España. Muy poco dinamismo, falto de ideas nuevas, limitadas propuestas y muchos reproches. Los candidatos contaron lo que quisieron sin ningún tipo de rendición de cuentas, sin apenas prestar atención a las (ya pactadas) preguntas de la moderadora y, por supuesto, en clave absolutamente nacional. Vamos, todo lo contrario al debate que se produjo unas horas antes en Bruselas entre los candidatos a presidir la Comisión Europea y que RTVE decidió que no era lo suficientemente importante como para emitir en La 1, aunque más de 75.000 españoles se lo hubiera pedido.

Durante el debate, se pronunció casi el mismo número de veces la palabra Europa como la palabra España, pero la inmensa mayoría del tiempo se habló sobre las antiguas medidas de sus gobiernos de turno. Los candidatos se enzarzaron entre quién había destruido más empleo en sus legislaturas, quién había bajado más las pensiones, qué gobierno había estado más cerca del rescate, la reforma laboral, o la influencia de nuestro país en “Bruselas”. Ni propuestas para mejorar la legitimidad democrática de Europa, ni cómo solventar la crisis del Euro, ni como mejorar la Unión Económica, ni Ucrania, ni Rusia, ni nada. Nombraron como mucho una o dos veces y de refilón al Parlamento Europeo y demostraron poco acierto en algunos de los (pocos) análisis en perspectiva europea sobre estas elecciones. Un par de ejemplos:

  • Miguel Arias Cañete: “¿Va a tener más fuerza el Gobierno de España para influir en Bruselas? Eso es lo que está en juego en estas elecciones” – No, ni la viabilidad del Gobierno de España ni de ningún país, y mucho menos su influencia en la UE, están en juego en estas elecciones. Los gobiernos tienen su cámara europea (el Consejo), pero estas elecciones son al Parlamento Europeo y al día siguiente los gobiernos seguirán teniendo los mismos votos y la misma influencia que el día anterior. Aquí lo que está en juego es la influencia de los ciudadanos europeos para elevar su voz y sus propuestas en Europa por encima de sus ejecutivos nacionales. Por eso en el Parlamento Europeo la diferencia no está entre si eres español o esloveno, sino si eres socialdemócrata, liberal o verde. Y en esas líneas ideológicas debería de haber versado el debate.
  •  Elena Valenciano: “La Europa que tenemos lleva una década gobernada por la derecha europea” – Este es un claro ejemplo de que Europa es un tema complejo y que simplificarlo mucho puede llevar al error. Sin duda el Consejo Europeo, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea (las tres instituciones más importantes de la UE) han tenido mayoría de derechas en estos últimos años. Pero Europa funciona a base de consensos y toda la legislación europea que se ha creado para salir de la crisis (desde el Tratado Fiscal hasta el Semestre Europeo o el refuerzo del Pacto de Estabilidad) ha sido apoyada por muchos más partidos (incluidos los socialistas) en el Parlamento Europeo y en otras cámaras. Por supuesto que no hay que olvidar cómo Merkel ha tomado, quizás demasiadas veces, la voz cantante el Consejo Europeo, pero no se ha aprobado nada sin el apoyo de la mayoría de gobiernos europeos, incluyendo algunos socialdemócratas con ferviente apoyo hacia las propuestas de Berlín (el gobierno socialista danés es un claro ejemplo).

Para acabar, una pequeña reflexión. En el debate se habló mucho de por qué España no es tan influyente como debería en el seno de la Unión Europea, cuando los propios candidatos estaban mostrando la razón principal: En España, en vez de hablar de los problemas comunes de Europa y participar con el resto en buscar soluciones en conjunto, nos centrarnos en mirarnos el ombligo y en defender “nuestros intereses como país” (ya ni siquiera como ciudadanos). Europa no necesita que todos los representantes miren por sus intereses nacionales, sino que todos participen para buscar el interés europeo. Si diéramos soluciones innovadoras que beneficien al mayor número de ciudadanos, como intentan hacer otros países (Suecia en política exterior, Polonia en economía, o Francia en política social por ejemplo) entonces España sería mucho más influyente en la UE.

Como ya hemos explicado, los ciudadanos son los primeros perjudicados cuando se habla en clave nacional sobre estas elecciones. Pero decía Arias Cañete al final de su última intervención que “a los españoles no les da igual cómo se construya Europa”. Como parece que a ellos sí, os recomendamos que veáis el debate que sucedió en Bruselas (aquí el original y aquí doblado al español) para tener una opinión más formada sobre qué propone cada partido europeo para la próxima legislatura.