La UE como forma de evitar conflictos (internos)

Firma invitada: Carlos Victoria Lanzón

¿Qué ha hecho la UE por nosotros? Seguro que cualquiera podría contestar rápidamente a esta pregunta: la Unión Europea nos ha proporcionado Fondos de Cohesión, con los que hemos podido construir carreteras, hospitales y Universidades; ha creado una moneda común, que ha facilitado e impulsado el comercio entre los distintos países miembros; incluso, se ha dotado de un Parlamento democrático a nivel europeo.

Vale, de acuerdo. Pero aparte de dinero, infraestructuras, una moneda común y un Parlamento… ¿Qué ha hecho la UE por nosotros? ¿Qué pensaríais si os digo que… quizá haya evitado un conflicto en Europa?

Dicho así, en frío, quizá suene algo drástico. Puede que incluso un pelín ilusorio, pero visto el historial que llevaba Europa y lo tristemente habitual que venía siendo una guerra que involucrase a Francia y Alemania cada pocas décadas (como sucedió en 1870-71, en 1914-1918 y una vez más en 1939-1945), pocos hubieran esperado que casi 70 años después de que acabara la Segunda Guerra Mundial los tanques sigan sin asomarse por el Ruhr.

A lo que me refiero es a que la constitución de la CECA, primero, y de la Unión Europea, después, ha sido un elemento clave para el mantenimiento de la paz entre los estados europeos en general, y entre Francia y Alemania en particular.

De hecho, y pese a las críticas (en su mayor parte de carácter democrático o económico) que se dirigen actualmente hacia ella, un reciente sondeo de Pew Research muestra que el 70% de los ciudadanos considera que uno de los aspectos más positivos de la UE es que “promueve la paz”[i]. Es decir, los europeos valoramos muy positivamente el papel que ha jugado la UE en garantizar la unidad y la paz entre los Estados.

Todo comenzó hace décadas: tras la Segunda Guerra mundial, parecía una gran idea poner la producción de carbón y acero bajo una autoridad supranacional y establecer un mercado común de ambas materias, suprimiendo aranceles para garantizar la libre competencia, con el fin adicional de evitar las “tentaciones” que pudiera suscitar la explotación de estos sectores, claves para la industria militar y, por tanto, para un posible rearme.

La idea de que los acuerdos comerciales entre estados ayudan a mantener alianzas y, por tanto, a evitar conflictos, es la que defienden Matthew Jackson y Stephen Nei, en su artículo Networks of Military Alliances, Wars, and International Trade[ii]. En él, muestran que los incentivos que genera el comercio entre países son claves a la hora de formar alianzas, garantizar su estabilidad y prevenir conflictos.

Así, su modelo muestra cómo una coalición puramente militar que busque mantener un “equilibrio de poder” pacífico no es estable (si no, que le pregunten a Bismarck), mientras que una unión que además tenga motivos comerciales, sí que tenderá a serlo: por un lado, el comercio proporciona un motivo económico para mantener alianzas con otros países, haciéndolas más densas; por otro lado, reduce los incentivos a atacar a otro país, pues el comercio se vería gravemente afectado. La clave es, por tanto,  que tender lazos comerciales ayuda a mantener la unión entre países y además reduce la posibilidad de embarcarse en una guerra.

A estos incentivos se podría unir, para el caso de la UE, que la incipiente creación de una identidad europea común, haya convertido la idea de una guerra entre países europeos en algo casi impensable.

Yendo a los datos, los autores comprueban que, mientras entre 1816 y 1950 una alianza tenía un 30% de probabilidad de desaparecer en 5 años; entre 1950 y 2000, esa probabilidad cayó hasta un 5%. Además, en el primer periodo, un país tenía (de media) alianzas con 2,5 países, mientras que en el segundo periodo, cada país es aliado de otros 10,5. O lo que es lo mismo, que los países aumentaron su número de alianzas y éstas se volvieron además más estables tras 1950.

Si combinamos estos datos con los correspondientes al comercio internacional, vemos que el aumento de éste se ve acompañado de una disminución del número de conflictos: desde 1850 hasta 1959, el comercio creció entre un 5 y un 12%, mientras que desde 1960 en adelante, ha crecido entre un 12 y un 25%.

Sin embargo, los autores son cautos y saben que estas cifras no se pueden tomar como prueba de la teoría, ya que siempre es posible que hayan podido influir otras variables: citan como posibles factores la Guerra Fría, los cambios tecnológicos (como la aparición del armamento nuclear, que llevaría a equilibrios más estables), o el incremento de la renta y del número de países democráticos. Incluso se podría pensar que la causalidad es inversa, y que fue la ausencia de guerras lo que impulsó el comercio entre países. Aún así, la teoría proporciona una explicación a los datos y éstos son consistentes con el modelo, aunque sea necesario seguir investigando.

En cualquier caso, y aunque los resultados no sean concluyentes, el papel que ha desempeñado la Unión Europea a la hora de hacer que los países europeos tiendan lazos entre sí, comercien, colaboren e incluso avancen en un proceso de integración pacífico es innegable. Como hemos visto, así lo considera un 70% de los ciudadanos europeos. Y es que una Europa sin conflictos es una mejor Europa.

*Carlos Victoria Lanzón es economista. Puedes seguirlo en Twitter: @VultureCt

[i] Why Europeans still love the EU after it took all their jobs,  http://www.vox.com/2014/5/15/5717076/polls-eu-peace-economy

[ii] Jackson, Matthew O. and Nei, Stephen, Networks of Military Alliances, Wars, and International Trade (May 1, 2014). Disponible en SSRN: http://ssrn.com/abstract=2389300 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.2389300