Hace 75 años hubieran ido ustedes al frente, no lo olviden

Firma invitada: Carlos Mascarell Villar*

En los años 30, el fascismo y el comunismo, totalitario, se consolidaban en Europa después de una profunda crisis patrocinada en el viejo continente, por las consecuencias del crack del 29, la hiperinflación en Alemania, los excesos del Tratado de Versalles, la pobreza, etc. Resultado: la mayor contienda de la historia de la humanidad tenía lugar en el corazón de un continente polarizado entre el comunismo y el fascismo. Pocos años después de millones de muertos y miseria,  la Unión Europea se vislumbraba como la única manera de superar el enfrentamiento, los agravios impuestos a Alemania después de la primera guerra mundial, la pobreza y las deficiencias del estado nación en un mundo cada vez más globalizado.

Pues bien, parece que el contexto se repite más de 75 años después con una diferencia fundamental, que nos permite hoy, pese al ascenso de la extrema derecha y el auge de los euro-escépticos en general, reivindicar el proyecto Europeo más que nunca. Y esto es, que en vez de enfrentarnos entre nosotros durante 6 años para resolver el momento difícil que vive el viejo continente, como lo hicimos a mediados del sigo XX, esta vez lo resolveremos con alrededor de 100 escaños  para los Le Pen y compañía en un lugar llamado Parlamento Europeo. Esa es la suerte y paradoja del resultado de las elecciones a la Eurocámara.

De forma similar al contexto que llevó a Europa al estallido de la segunda guerra mundial, en 2008 estalló en el viejo continente una crisis de dimensiones similares a la del 29, ésta vez patrocinada por las hipotecas “subprime” de Estados Unidos. Una hecatombe política, económica y social, que por su diseño institucional y mayorías parlamentarias, ha llevado al viejo continente a una devaluación profunda en la periferia, en forma de deflación, paro y desigualdad.

En éste contexto, después de 6 años de crisis y sólo 65 de integración y paz (salvo la guerra de los Balcanes) en el marco de un historia de siglos de enfrentamiento no podemos obviar que la paz está garantizada en Europa. Es por ello que es necesario recordar de dónde venimos, así como el porqué de la idea original del proyecto de integración y el aviso que supone el resultado de las pasadas elecciones si miramos al pasado. El análisis parece claro. Desde sus inicios, Europa se ha tambaleado entre la cesión de ciertas competencias por parte de los estados y el mantenimiento de otras a nivel nacional. Una unión excesivamente intergubernamental y demasiado indirectamente legitimada desde el punto de vista democrático, que dista aún de tener los instrumentos necesarios para hacer frente a los altibajos de la historia.

El proyecto europeo es, nada más y nada menos, que la voluntad de superar los años de enfrentamiento a través de una integración fundamentalmente económica en un contexto en el que los estados aún no están preparados para avanzar de verdad más allá del estado-nación, resultando en un diseño institucional deficiente. La integración económica que domina la escena no ha dado lugar aún sin embargo, a una verdadera integración política, institucional y democrática. Si a esto le añadimos las deficiencias en el diseño de la Unión Monetaria, el panorama es aún más preocupante.

Hace ya más de 30 años algunos advirtieron de las deficiencias de diseño de la Unión Monetaria. Robert Mundell y Jaques Delors, entre otros, ya apuntaron la falta de movilidad laboral y de un presupuesto europeo fuerte, que permitiera una redistribución apropiada de la riqueza entre estados y la amortiguación de las consecuencias de un shock asimétrico (una crisis que afecta en diferente medida a varios estados que comparten moneda) como el que afecta al continente desde hace más de seis años. Pues bien, los líderes del momento hicieron oídos sordos a todo aquello porque la decisión política ya estaba tomada, había prisa por re-enganchar a Alemania finalmente al proyecto Europeo a cambio de aceptar la reunificación y se creyó que la convergencia, la estabilidad de precios como objetivo principal del Banco Central Europeo (BCE) y la limitación de los déficits públicos, sería suficiente para garantizar el buen funcionamiento de la Unión Monetaria. Pero no ha sido así, y la imposibilidad del BCE de hacer de prestamista de última instancia, la falta de movilidad laboral y la ausencia de un presupuesto federal fuerte y redistributivo han resultado en una única vía institucional y ideológicamente permitida: la dolorosa y pro-cíclica devaluación interna que tan lentos resultados está dando.

El problema de todo ello sin embargo, es que ya empieza a ser tarde y en éstas elecciones europeas, en vez de hablar de eso, los Le Pen, Farage y compañía, han conseguido poner la inmigración, la recuperación de la soberanía y demás temas en el centro de la campaña, aunque éstos fueran en realidad, temas secundarios respecto a los problemas de fondo de los estados miembro y la arquitectura institucional Europea. Ni debates sobre eurobonos, ni sobre  movilidad laboral, ni sobre presupuesto federal y fiscalidad, ni sobre un cambio de mandato del Banco Central Europeo, ni nada. O en todo caso, pocos y muy poco.

La otra paradoja de estas elecciones es, que a pesar de ser todo ello parte de la solución, hemos ido tan lentos y lo hemos hecho tan mal, que quizás ya sea tarde para conseguir apoyos a aquello que realmente le hace falta a Europa. Seguramente, la falta de un proyecto en común por parte de euro-escépticos y radicales en muchos temas importantes, no amenazaran la gobernabilidad de la unión. Sin embargo, si que marcarán la agenda sobre ciertos temas sensibles que tanto rédito electoral les ha dado (inmigración, recuperación de soberanía, etc.) y los partidos mayoritarios tendrán dificultades a la hora de llevar adelante ambiciosas reformas de la arquitectura institucional Europa así como un cambio de políticas públicas por culpa de su panorama político en casa. Reino Unido y Francia serán  buenos ejemplos de ello.

La falta de herramientas y monitorización posterior al acceso a la Unión con el objetivo de acercar los niveles de riqueza, igualdad y desarrollo de los estados Europeos a lo largo del proceso de integración, así como una cierta dominación ideológica del ordoliberalismo en el diseño de la unión monetaria y en la respuesta la crisis, que se ha traducido en devaluaciones internas de múltiples consecuencias; ha provocado el auge de fuerzas radicales a izquierda y derecha del espectro parlamentario.  De becas Erasmus, fondos estructurales, y libertad de circulación, entre otras cosas, hemos pasado a deflación, reducciones salariales, aumento del paro, descenso de la demanda y un largo etcétera. No es difícil entender por tanto, porque algunos señalan al proyecto Europeo como culpable de todos los males que les afectan a nivel nacional, aunque todo ello y a bote pronto sea fruto de un análisis matizable.

Más allá de entrar al detalle en profundidad sobre las razones de tal descalabro, hoy les mando un mensaje a los 751 eurodiputados y 28 líderes Europeos. Primero, a los aproximadamente 130 eurodiputados euro-escépticos, de extrema derecha, radicales, o como se les quiera llamar que  ya están yendo asiduamente a Bruselas a formar grupo parlamentario, comisiones y demás, les digo: cuando cojan ustedes el vuelo a sentarse en una silla al lado de otros colegas de toda Europa, acuérdense que hace 50 años, irían ustedes al frente.

Déjenme que les diga también, que paradójicamente, ustedes cobrarán sus sueldos gracias a Europa y defenderán sus ideas democráticamente gracias a ella. Sean por tanto responsables y ofrezcan soluciones a los problemas de fondo de sus países y ciudadanos, que ustedes saben perfectamente que no son debidos a su simple pertenencia a la Unión Europea. La fiesta de la demagogia les durará muy poco si no son capaces de ofrecer verdaderas soluciones a los problemas.

A los partidos europeístas por su parte, de derechas y de izquierdas, a los líderes Europeos, futuros comisarios y demás, les digo: tomen nota, porque ustedes tienen la culpa. También en los años 30 los extremos se alzaron en Europa por razones parecidas a las de hoy. Hagan valer lo que construimos entre todos para superar aquello y no dejen que Europa pase de ser parte de la solución a ser parte del problema. Para ello, los ciudadanos tienen que percibir que la Unión Europea mejora su calidad de vida, que toma medidas en positivo que fomentan el bienestar de todos y todas como en el pasado. Sin olvidar la garantía de paz como idea original por tanto, las nuevas generaciones solo apoyarán el proyecto de integración si se encuentra una nueva narrativa para el proyecto Europeo que mejore si día a día.

Los fantasmas del pasado vuelven, por suerte sin embargo, en forma de declaraciones airadas, salidas de tono, preguntas parlamentarias, intervenciones en el pleno, etc. Esa es la lectura positiva que los europeístas críticos, pero convencidos, deberíamos hacer de las elecciones. Aquellos tendencias radicales y que, salvando las distancias contextuales, argumentales e históricas, nos llevaron al abismo y a la autodestrucción, estarán representadas en el Parlamento Europeo. Y ese es justamente, el gran éxito de la integración Europea, que estos días más que nunca, tenemos que reivindicar sin complejos.

El tiempo del ajuste se acabó, ahora toca recuperar el sueño Europeo, porque otra Europa es posible. Esperemos que no sea tarde.

 

*Carlos Mascarell Vilar. Asesor en Gobernanza y Ciudadanía del Consejo Europeo de Municipalidades y Regiones en Bruselas. Ha sido miembro del Grupo de Trabajo del Movimiento Europeo Internacional para las elecciones al Parlamento Europeo 2014. También ha trabajado en el Instituto de las Naciones Unidas para la Investigación sobre el Desarme, en el Parlamento Europeo y en la fundación vinculada al partido verde alemán, Heinrich-Böll-Stiftung. Ha colaborado también con la Dirección de Comunicación e Información del Consejo de la Unión Europea, con el ICIP y con varios blogs sobre política europea e internacional. Es militante de la agrupación de ICV- Bruselas y en 2013 fue miembro del jurado para escoger la capital Europea de la Juventud 2016. Twitter: @JrMasca