El lado bueno del Brexit

En un día tan gris como el 23 de junio, el día en que por primera vez un Estado Miembro de la Unión Europea, el Reino Unido, ha decidido irse, el mundo se ha quedado en shock. Las consecuencias a medio y largo plazo son un enigma, un agujero negro del que nadie sabe lo que pasa cuando se cae dentro, y el Reino Unido ha caído.

En los pocos días que han pasado desde que se conoció la victoria del Leave, hemos visto a los mercados hundirse; la libra en caída libre y en sus peores niveles de los últimos 30 años; el Primer Ministro David Cameron anunciando que dimitirá en tres meses; Escocia planteándose un segundo referéndum sobre su independencia; el Comisario británico Hill fuera de la Comisión Europea… Una lista que se está haciendo más larga cada hora que pasa. Por ello, es difícil imaginar todo lo que todavía ocurrirá entre ahora y el día en que el Reino Unido  salga definitivamente de la UE. Pero saldrá. El pueblo británico ha expresado su voz en un referéndum democrático, y tanto el Reino Unido como la Unión Europea lo tienen que respetar. Y por ello, la Unión Europea tiene que evitar quedarse en un bucle pesimista sobre  el Brexit y buscar el lado bueno de la situación en la que se encuentra. Ese silver lining. Parece imposible, suena imposible, pero en cualquier situación tan difícil y desesperada como esta uno tiene que encontrar el lado positivo.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea es algo que nadie en el continente quería. Ningún socio europeo quería que un Estado miembro tan importante como ese se fuese. Un Estado miembro que ha sido un impulsor clave en muchos de los grandes proyectos de nuestra Europa, entre ellos el Mercado Único. Pero al mismo tiempo es necesario que seamos sinceros. El Reino Unido nunca ha tenido ese vínculo emocional con la UE de muchos Estados miembros, especialmente los Estados fundadores. Ellos fundaron la UE desde las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, mientras que el Reino Unido se sumó a la UE mucho más tarde y más bien por razones prácticas e intereses económicos. Desde su entrada, el Reino Unido siempre ha estado mucho más interesado en los avances y beneficios económicos de la UE y su expansión hacia el Este -en vez de su profundización-, algo que venía del hecho de que el Reino Unido no quería que Europa se convirtiese en una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa.

La última vez que el Reino Unido mostró su rechazo a esa profundización se pudo ver claramente en la carta que David Cameron, el primer ministro británico, mandó a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, antes de que se empezara a renegociar la pertenencia del Reino Unido a la UE. A raíz de esa visión poco compartida con el resto de los socios europeos, en algunas ocasiones a Europa le ha costado avanzar en esa unión cada vez más estrecha. Especialmente en los últimos años, donde las fricciones entre el Reino Unido y otros países europeos han sido evidentes como, por ejemplo, durante las negociaciones del Pacto Fiscal Europeo. Por ello, con la salida de este país existe la probabilidad, aunque pequeña, de que Europa se  encuentre con menos obstáculos para esa integración.

Otro silver lining, aunque muy paradójico, es la situación en la que se encuentra Escocia. A pocas horas de la victoria del Leave, la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, anunció que un segundo referéndum sobre la independencia de Escocia estaría encima de la mesa. Los escoceses votaron mayoritariamente a favor de quedarse en la UE con un 62% de apoyos y, por ello, consideran que es democráticamente inaceptable vivir fuera de la UE al no haber votado por ello. La posibilidad de que Escocia se independizase del Reino Unido, una unión de varios siglos, demuestra que el proyecto europeo es algo por lo que muchos están dispuestos a luchar. Aunque sería demoledor que Escocia se independizase del Reino Unido para poder quedarse en la Unión Europea, ello demuestra que muchos harían lo que sea para quedarse dentro. El hecho de que alguien esté dispuesto a luchar tan fuertemente por ti significa que realmente vales algo. Y Europa lo vale sin duda.

Sin embargo, si podemos destacar algún aspecto significativamente positivo del Brexit para la Unión Europea es la situación por la que se le fuerza a pasar, una reflexión sobre el proyecto europeo y su identidad, algo que Europa debería de haber hecho desde hace mucho tiempo. La Europa en la que actualmente vivimos está de alguna manera desconectada de los pueblos europeos, sus problemas y sus luchas. En la Europa actual prosperan los nacionalistas, los populistas y los eurófobos que quieren acabar con el proyecto. En muchas partes de Europa prosperan los xenófobos que quieren que cada uno vuelva a su país y que se construyan muros. En esta Europa, muchos europeos ya no se sienten atraídos por sus beneficios, sean económicos, culturales o sociales. Tampoco se sienten representados por las instituciones europeas y sus representantes, ni por las políticas económicas tomadas a raíz de la crisis económica.

Por todo ello, Europa debería de reflexionar sobre cómo acercar este proyecto a los europeos, cómo crear una unión en la que todos los pueblos se sientan representados, en la que todos tengan una oportunidad para prosperar y en la que los ciudadanos tengan un verdadero sentimiento de pertenencia. Europa debería de encontrar una solución para ver cómo puede prosperar esta integración en los momentos actuales cuando muchos piensan que el problema y la culpa la tiene el club de los 28, perdón, 27.

Europa debe decidir si quiere más integración, o una integración de varias velocidades o si quiere tomar otro camino. Pero lo que Europa debe hacer es reflexionar y encontrar ese camino por el que todos los europeos quieran caminar juntos.