El mal llamado fin del roaming y la gestión de las expectativas

ACTUALIZACIÓN: Hoy 9 de Septiembre, pocos días después de la presentación de la propuesta original de la Comisión, la institución europea ha dado marcha atrás y ha asegurado que esa no es la propuesta definitiva que presentará sobre el fin del roaming en Europa. Aún queda por saber cómo se definirá la cláusula de “fair use policy” que incluirá la propuesta, pero es innegable que es una noticia muy positiva para los consumidores y la sociedad civil en todo el continente. La UE, a veces tan denostada por su falta de rendición de cuentas formal, acaba de demostrar que cuando existe un clamor en la ciudadanía europea, la Comisión a veces es capaz de escuchar y reaccionar a tiempo. El cambio en la propuesta no ha sido fortuito, ha sido gracias a la presión de eurodiputados, organizaciones de consumidores y artículos como éste que, aún desde la perspectiva pro-europea, criticaron abiertamente la propuesta de la Comisión. Por eso lo mantenemos intacto, para no olvidar la importancia de la retroalimentación de las políticas públicas por parte de la sociedad civil, sean estas nacionales o europeas.

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A los europeístas nos encanta hablar de lo mal que comunican los medios masivos sobre la UE, el poco esfuerzo de entendimiento que ofrecen a veces, y cómo políticos nacionales lo aprovechan constantemente para echar las culpas “a Bruselas” y así deshacerse ellos de responsabilidades políticas. Pero, ¿qué pasa cuando es “Bruselas” la que comunica mal? Hoy os traigo el último ejemplo de un desastre de gestión mayúsculo de la Comisión: el fin del roaming.

Como habréis oído recientemente, la eliminación de los recargos por llamadas desde el extranjero solo valdrá durante 90 días al año. Pero desde el año pasado, cuando se empezó a decir que el roaming desaparecería, las redes de comunicación de las instituciones europeas han estado bombardeando con mensajes sobre la gran hazaña que implica haberle ganado la batalla a las empresas de telecomunicación, y predicar que el fin del roaming está cerca. Aquí algunos ejemplos:

Incluso nosotros desde la cuenta de @CCEuropa celebramos la gran noticia con esperanza:

Pero parece que la única persona en la Comisión que se atreve a plantarle cara a las empresas es Vestager, y ella ya estaba ocupada con Apple. La Comisión ha reculado, y lo que parecía ser el fin del roaming ahora tiene fecha de caducidad.

A partir de los 90 días las empresas no tendrán obligación de eliminar las tarifas de roaming. Desde la Comisión dicen que “la mayoría” de los europeos (parece ser el 98,2% según logró sacar nuestra compañera Itxaso) viajan de vacaciones menos de 90 días, por lo que la mayoría de europeos se beneficiaría. Es decir, ahora el criterio es el tiempo que esté uno de vacaciones. Nos olvidamos de facilitar las cosas a los estudiantes Erasmus, a los que se van a hacer prácticas a otro país o simplemente a los que se mudan entre fronteras europeas con total libertad, que para eso tenemos libertad de movimiento.

Pero hay otra frase del comunicado que rechina aún más que la idea de ver a Soria en el Banco Mundial: La aclaración de la Comisión de que se acordó una regulación sobre el roaming para “evitar abusos (por ejemplo, de un cliente estuviese viviendo permanentemente en un Estado miembro con un contrato de suscripción de otro Estado)”. Y tú creyéndote que esto lo hacían para evitar los abusos que las compañías te hacían a ti, insensato. ¡Esto lo han hecho para evitar los abusos que tu podrías haberle ocasionado a ellas!

Por mucho que busco no encuentro números sobre las enormes pérdidas que les deben estar produciendo a las compañías el gran número de ciudadanos que viven en otro país europeo manteniendo su antigua tarifa telefónica (yo mismo he vivido en varios países europeos, nunca he mantenido mi línea española y no he conocido a nadie que lo haya hecho). Da igual que la movilidad europea sea en realidad muy limitada (por ejemplo, solo 3% de la población activa del continente trabaja en un Estado que no es el suyo), a las compañías parece tenerles muy agobiadas. Creías que la Comisión te iba ayudar a que se evitaran abusos como el de activar y cobrar un servicio de manera automática, que la conexión sea más lenta de lo prometido, que las tarifas sean más caras de lo asegurado o que sea imposible darse de baja. O que gracias a la libre competencia España deje de ser de los países de la OCDE con la tarifa más alta. Pero no, esta regulación es para evitar los abusos que tú les haces a ellas.

No vamos a entrar aquí en las razones por las que en España pagamos un exagerado precio en las tarifas. Lo que sí vamos a decir es que, obviamente, ese precio no tiene su origen principal en que los turistas usan el 3G desde sus teléfonos extranjeros cuando están en España. Lo que la Comisión nos había hecho creer es que con la eliminación absoluta del roaming se iban a dar los pasos para crear un mercado único de las telecomunicaciones en Europa. Había creado las expectativas de un mercado donde la libre competencia pudiera ajustar unos precios competitivos y de paso dar facilidades a la movilidad europea. Pero con este último acuerdo no hay mercado único, los europeos que se mueven entre fronteras pasan a ser “abusadores”, y el roaming seguirá existiendo, únicamente se regula para que las compañías puedan respirar un poco más tranquilas cuando vengan turistas europeos usando su propia tarifa. Que haya informes señalando las ventajas económicas de establecer un mercado único digital, en concreto un beneficio de €415.000 millones al año, mejor lo dejamos de lado.

Y lo peor de todo es que la Comisión, una vez más, es la cabeza de turco de toda esta historia. Son los Estados, que por medio del Consejo Europeo de nuevo cortaron las alas de la Comisión para que no se creen mercados competitivos e innovadores que puedan desafiar a sus empresas nacionales. Pero si Vestager demuestra algo, es que con iniciativa y determinación uno puede acabar superponiéndose a los intereses nacionales cortoplazistas (como hizo ella con los de Irlanda).

Entiendo que es un paso relevante y la cantidad de años y eternas negociaciones que ha habido detrás de este acuerdo, pero como de costumbre acaba siendo insuficiente y de alcance limitado comparado con lo que ellos mismos nos habían hecho creer. Hoy los europeístas tendremos que agachar la cabeza y darle la razón a los agoreros que predican que “la UE solo sirve para el beneficio de las empresas”. Más allá de los límites de la propuesta, es un claro ejemplo de cómo una mala gestión de las expectativas de nuestros colegas del equipo de comunicación de la Comisión en Bruselas ha conseguido desembocar en descontento de todas las partes involucradas. No, el roaming no ha llegado a su fin y tendremos que esperar un poco más a que el mercado único digital evite los abusos de aquellos que más se benefician de esta regulación.