Gana Trump, ¿implicaciones para Europa?

El escrutinio electoral de las presidenciales de Estados Unidos nos deja otra agónica madrugada que nos recuerda a la noche del 24 de junio con el resultado del referéndum para la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Tras la flamante victoria de Donald Trump, nos vemos en la necesidad de esbozar, a grandes rasgos y a modo de urgencia, las principales consecuencias para Europa:

  • Más alas al populismo: la primera potencia del planeta se rinde al mensaje xenófobo, a la retórica simplista y frentista. El propio eslogan de campaña republicano, “Make America Great Again”, evoca un pasado en que la inmigración aún no había ‘acabado’ con el sueño americano. El triunfo de Trump da alas en Europa a Le Pen y a Geert Wilders, pero también a Orban, a Kaczynski, y a las fuerzas populistas en Austria, Alemania o Finlandia, por sólo citar a algunos.
  • El fin de las élites: se consolida una brecha que supera el debate izquierda – derecha. Auge del voto anti-establishment, el castigo ‘a los de arriba’.
  • El isolacionismo gana al intergubernamentalismo: la victoria de Trump augura una importante erosión del colaboracionismo y la cooperación, especialmente en política exterior. Más que nunca, nos miramos el ombligo y cada país fija su propia lista de prioridades.
  • La inmigración se sitúa en el centro del debate político: en Europa venimos años observando cómo el miedo a perder nuestros estándares sociales está cambiando la dirección del voto en numerosos países, incluso en el Parlamento Europeo. Ya no miramos con ilusión o esperanza nuestro futuro, y eso muchos lo han materializado en el discurso del miedo, agitado cada vez con más énfasis por más partidos políticos en Europa. La inmigración y la gestión de las fronteras son ya el punto más caliente del debate, demostrando que es un mensaje capaz de movilizar hasta el punto de invalidar todas las encuestas y prospectivas.
  • Carpetazo al TTIP: si las opciones para el Acuerdo de Libre Comercio Transatlántico eran complicadas antes de la era Trump, su andadura se complica más que nunca ante el discurso estadounidense más proteccionista que recordamos.
  • Putin y el rearme en defensa: se difuminan los bloques, se instaura una retórica más belicista. Ahora que Estados Unidos ya no es ‘la policía del mundo’, cobran importancia los avances que puedan venir hacia una unión en defensa.
  • Europa, la esperanza del mundo libre: Estados Unidos deja de ser la democracia que nos inspira. Berlín y París, pero también Londres, tienen la responsabilidad de erigirse en adalides de la defensa de los derechos y las libertades civiles, del Estado de derecho, del ‘soft power’; para situarse en el centro, y no en una isla, en un mundo multipolar y tendente al autoritarismo.

Nuestra Europa da muestras de fatiga y tiene muchas razones para el hartazgo, pero está obligada a ser la luz del mundo libre toda vez que Estados Unidos ha sucumbido. La presidenciales francesas serán, sin duda, la gran batalla. Ganarla significa evitar por todos los medios una victoria de Marine Le Pen, un capítulo de nuestra historia donde tendremos que involucrarnos todos los europeos. Todo ello, sin perder de vista las elecciones en Alemania, que vendrán después. Al final, puede que la victoria de Trump sea el revulsivo que Europa necesita para volver a inspirar de nuevo, para ejercer un liderazgo que recupere a sus ciudadanos.