No me presento para ser presidente del mundo

Si Estados Unidos fuera Europa, el Partido Demócrata estaría dividido en dos partidos: el centrista con tintes socialdemócratas de Clinton y el izquierdista de Sanders; del mismo modo que el Partido Republicano se habría dividido en el nacional-popular de Trump y el conservador de Paul Ryan. Así, a brocha gorda, Bernie y Trump formarían parte de ese espectro antiglobalizador, con algunos postulados de fondo parecidos pero situados en los ‘extremos’, dejando a la parte Clinton y Ryan como representantes del bipartidismo y del establishment. Por eso el Partido Republicano de Donald J. Trump ya no respondería solo a su electorado conservador clásico —formado y de alto poder adquisitivo— sino a ese nuevo colectivo, fundamentalmente blanco pero no solo, que contempla desolado cómo se desmorona su mundo; y por eso el Partido Demócrata empieza un largo viaje para volver a encontrarse tras el inesperado batacazo.

Mirad el vídeo de arriba y lo veréis. Son solo 59 segundos, nada más. 59 segundos convertidos en uno de los vídeos-píldora que tan bien han funcionado en la campaña de Donald Trump, sea en Facebook o en YouTube. Vídeos muy cortos, mensajes muy simples y palabras comprensibles para todo el mundo. El vídeo que encabeza este post, Breaking Apart Special Interests, es uno de los que más me ha llamado la atención y también, por qué no decirlo, uno de los que más me ha gustado. Estos formatos funcionan. No solo para los millennials sino para cualquiera de sus votantes. Dadle a play y veréis que Bernie Sanders podría haber dicho exactamente lo mismo, palabra por palabra (salvo lo de México, claro) y que este lenguaje resulta tremendamente familiar para oídos españoles y europeos. La revuelta global contra las élites y, sobre todo, contra la globalización lo deja negro sobre blanco allende los mares: no hace falta explicar cuáles son los ‘intereses especiales’ que se deben romper porque ya todo el mundo lo sabe. Es una categoría lo suficientemente amplia como para que cualquiera lo rellene con lo que quiera.

El vídeo señala a los enemigos de manera clara: las grandes corporaciones, los medios o los grandes donantes que estaban financiando la campaña de Hillary Clinton; todos parte del mismo establishment político. Se encuentran, dice Trump, en los mismos restaurantes, tienen los mismos amigos y conexiones. Todos ellos se enriquecen de la misma ideología ‘globalista’ que empobrece a su sufrida audiencia, que asiste impotente a la fuga de sus puestos de trabajo y su bienestar ‘en particular, y al final, a México’. ‘No me presento para ser presidente del mundo’, termina Trump su vídeo-píldora, ‘me presento para ser presidente de Estados Unidos y cambiar las cosas’. Gracias al cielo, podríamos añadir a continuación.

El repliegue al Estado-nación, el auge del nacionalismo, los partidos eurófobos, el conflicto pueblo-élite, la enmienda a la globalización… como queráis llamarlo, que ya sabéis que hay muchas maneras. Todo está ahí, en esos 59 segundos. Todo ahí donde, además, quizá también se adivine por qué ese mensaje está funcionando tan bien.