Una Europa sin sex-appeal

Sé que va a doler escuchar esto, pero era necesario decirlo: los europeos somos cada vez menos atractivos. Hasta hace muy poco éramos el objeto de deseo en todo el mundo, se nos miraba con lujuria y prácticamente cualquiera se moría de ganas de poder tener una cita con nosotros. Teníamos tantísimo sex appeal que nos permitimos mantener a nuestros pretendientes esperando durante años antes de siquiera aceptar una cena juntos.

Pero se acabó la vida del tronista. Nuestro más fiel pretendiente nos ha dejado: el presidente Erdogan ha afirmado que, en lugar de continuar esperando para acceder a la Unión Europea, Turquía debería unirse a la Organización de Cooperación de Shanghai. Esto supone un alejamiento de la posición tradicional del país de ‘aspirante eterno’ unos 60 años después de haber solicitado formalmente la adhesión y 11 años después de que se formalizaran las negociaciones. Sí, es verdad, nos hemos hecho de rogar y quizás ahora lo estamos pagando.

De hecho, hemos visto recientemente cómo las tornas han cambiado. La crisis humanitaria que vive Europa debido a los refugiados que llegan de zonas de conflicto nos hizo girar la cabeza hacia Turquía en busca de ayuda. Por primera vez en más de medio siglo era la Unión la que necesitaba a Turquía y esta vez Erdogan era quien tenía la sartén por el mango. Las salidas de tono del presidente turco hacia la UE ya son conocidas, incluso llegando a amenazar con no cumplir el acuerdo en materia de refugiados. “Nosotros iremos por nuestro camino y ustedes por el suyo”, dijo Erdogan. Definitivamente, lo nuestro se había acabado. ¿Y los europeos nos íbamos a quedar de brazos cruzados? ¡Claro que no! ¿Qué se hace cuando se pierde a ese eterno pretendiente? Exacto, el despecho de Europa se ha desatado y el Parlamento Europeo quiere congelar el proceso de adhesión turco. De salir adelante la propuesta, está por ver si notaríamos algún cambio significativo.

Pero el problema de fondo no es que alguien ya no nos quiera. De hecho, ya en 2015 Islandia decidió retirar su candidatura de adhesión a la Unión Europea, paso que Turquía aún no se ha atrevido a dar. Lo que sí debería preocuparnos es que el modelo de sociedad que representamos ya no es aquél al que todos aspiran; ya no es aquél al que todos quieren parecerse. Los estragos de la crisis financiera, que ha reducido nuestro peso económico, y sus repercusiones políticas y sociales han disminuido nuestro escaparate al mundo. Y no sólo eso, sino que además existe una insultante falta de respuesta y de alternativa por parte de los partidos e instituciones que han protagonizado nuestro esplendor.

Así, la sociedad contemporánea ha ido echándose en los brazos de otro. Estamos viendo cómo, ante nuestros ojos, todos esos pretendientes nos dan la espalda y lo peor es que no es porque no quieran, en palabras de Erdogan, seguir su propio camino, sino que quieren caminar junto a otros. Así, vemos cómo dentro de Europa cada vez más ciudadanos se refugian en aquéllos que apelan a sus identidades más primarias, al populismo, la demagogia o incluso la intolerancia más reaccionaria. Fuera de Europa, el fenómeno sigue creciendo y Turquía, siendo uno de nuestros vecinos, parece que cada vez está más lejos sumido en una deriva autoritaria. Algunos ya han identificado a este fenómeno como la decadencia de occidente. Por ello, debemos despertar y tomar medidas valientes que nos acerquen a esa #MejorEuropa al lado de la cual merezca la pena volver a caminar.