El fin de la España del 78

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Por Adrián Vázquez

Las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 25 de Mayo y los recién publicados resultados del CIS confirman lo que algunos llevábamos diciendo hace tiempo: la fracturación del voto ha dado paso a un nuevo paisaje político que ha llegado para quedarse. El bipartidismo está herido de muerte y no hay quien lo salve, y los partidos que estaban relativamente bien establecidos (IU y UPyD) observan como el empuje de nuevas fuerzas políticas (Podemos, Ciudadanos) hacen tambalear unos mimbres que han resultado estar más débilmente entrelazados de lo que se pensaba. Mientras, el independentismo se aprovecha de la canibalización de los partidos con ambición nacional y canalizan en sus feudos el hartazgo de la política vieja.

Numerosos analistas y tertulianos no han parado de repetir, desde el 25 de Mayo a esta parte, que el voto de las europeas es diferente, que la fracturación que se produjo fue únicamente un voto de castigo y que el miedo a los populismos (o, mejor dicho, a Podemos) restablecerá el patrón de voto al que estábamos acostumbrados. La impresión que le queda a uno al escuchar, una y otra vez, este argumento no es otra que la que le deja la reiteración de una mentira que queremos -o necesitamos- creer. El bipartidismo está dando sus últimos coletazos y no hay manera alguna de salvarlo, lo único que podemos hacer es intentar dilucidar cuánto tardará en desparecer (que, tras los últimos acontecimientos “púnicos”, parece que sucederá más pronto que tarde) y cuál será el panorama político en el que nos veremos inmersos en los próximos años.

En este callejón sin salida al que se dirigen los partidos viejos es particularmente interesante el proceso que está viviendo el PSOE. A pesar de que los resultados del CIS le concede una subida en intención de voto de casi 3 puntos, la realidad en la calle y su reciente pasado parece indicar que sus electores tienen muchas más dudas que los del Partido de Mariano Rajoy. Muy a pesar de algunos, a día de hoy el PSOE no es ni un Partido unido, ni es Socialista, ni Obrero ni, si me apuran, Español. Esta crisis de identidad se ha visto acrecentada por los resultados de las primarias de Julio. Pedro Sánchez no supone, en absoluto, un cambio suficiente para un partido zombi que necesita no sólo un lavado de imagen, sino un cambio radical: desde el logo, hasta la ruptura total con su pasado -y líderes- reciente. A todo ello hay que añadirle un componente más, si el PSOE fracasa en las elecciones autonómicas y municipales del próximo año tendrá que vivir un nuevo terremoto en su seno, ya que Susana Díaz echará a un lado al Sr Sánchez y se erigirá como la nueva lideresa del partido.

Sobre el PP poco se puede añadir al incesante goteo de incongruencias, escándalos, evasivas de sus dirigentes y demás barbaridades que aparecen en los medios a diario. El partido del gobierno no tiene ninguna credibilidad y da la sensación de que sus miembros no saben muy bien en qué país viven. La desconexión y falta de empatía con la sociedad es de tal calibre que, citando a un buen amigo, “no puedo entender cómo el votante del PP puede dormir tranquilo por las noches”.

Sin embargo, a pesar de que la desaparición del bipartidismo es segura, no hay que caer en el engaño de que se está suicidando o que desaparecerá en cuestión de meses; el poder no se suicida, sino que muere matando. Por ello, es altamente probable que vivamos una gran coalición en las próximas elecciones generales entre el PP-PSOE y, en caso de que sea necesario -y todo indica que así será-, contarán con el partido de Rosa Díez para completar el ménage a trois (interesantísimo, por cierto, el artículo publicado por ABC el pasado 30 de Octubre titulado “Rajoy y Rosa Díez sellan la paz en el Congreso”). Esta futurible coalición no hará sino alargar la agonía tanto de los propios partidos viejos, como de los ciudadanos que los sufren.

En frente de esta futurible gran coalición, el votante tiene dos alternativas:

La primera es la que, para regocijo de los medios, está dando más que hablar: Podemos. Gran parte de los ciudadanos siguen creyendo que es imposible que Pablo Iglesias llegue a ser el próximo Presidente de España, sin embargo los sondeos dicen lo contrario. En este sentido, el PP-PSOE empieza a despertar de su letargo y a darse cuenta de que los ciudadanos no les van a votar por miedo a Podemos, sino que van a votar a Podemos por miedo al bipartidismo. Este cambio de paradigma en los votantes define, a grandes rasgos, el cambio social que España está experimentando. El hartazgo y las desigualdades son tan obvios que la deriva política de la sociedad española augura cambios estructurales de tal calado que son difíciles de pronosticar.

El voto de IU sumará al efecto Iglesias y no es descartable que exista una transferencia masiva en los próximos meses de afiliados del partido de Cayo Lara a las filas de Podemos. Si es que no está sucediendo ya.

Sobre Pablo Iglesias, ¡qué se puede decir que no se haya escrito ya! Su programa político es considerado por muchos irrealizable y, en cierto modo, hasta peligroso, pero su liderazgo no se pone en cuestión. Y es que el Sr Iglesias tiene algo que también tenían Felipe González y José María Aznar y que responde a la máxima de que “en tiempos de zozobra, la gente busca un líder”: Pablo iglesias sabe lo que quiere para España y no esconde sus intenciones. Es más, a día de hoy es el único candidato a la presidencia con credibilidad y carisma que dice, alto y claro, que se ha metido en política para “tomar el cielo -la Moncloa- por asalto” y, esa actitud, gana elecciones.

El segundo frente no es una alternativa real hoy en día, pero puede llegar a serlo si el sentido de Estado se instala en las sedes de UPyD y Ciudadanos. Al contrario que Podemos, estos dos partidos buscan la regeneración democrática desde las instituciones y su consolidación como futuribles gobernantes es realmente necesaria para un país en vías de extinción. Sin embargo, necesitan unir músculo para llevar a cabo verdaderas políticas regeneradoras y, por desgracia, recientes sucesos indican que para que eso ocurra UPyD necesita una regeneración interna y Ciudadanos una maduración estructural que le permita dar el salto al ruedo nacional. Mientras eso no tenga lugar, esta alternativa quedará en el limbo.

Lo que está claro es que, pase lo que pase en el 2015, la España del 78 ha llegado a su fin.

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