Paralelismos envenenados

Los paralelismos siempre son ficticios y engañosos, y la mayoría de las veces odiosos para una de las partes. El plan B de la antigua Yugoslovia en su día se llamó Europa. Una Europa que, como ahora en Siria, miró para otro lado hasta que sus fronteras se vieron acosadas.

El verano tiene algo de mágico. Y no me refiero a las vacaciones ensoñadas por la publicidad cervecera. Tiene algo de punto de inflexión, o por lo menos de paréntesis.  Nos regala momentos en los que poder disfrutar de aquello que llevabas tiempo queriendo hacer pero no encontrabas el momento oportuno. En mi caso era la revisión de un libro que en los últimos días me había venido a la cabeza tras las noticias sobre la preparación de la guerra de Irak y el papel de Tony Blair en ella, las memorias del expremier británico. Para mi sorpresa y pese a querer releer directamente el capítulo dedicado a la que ha sido la madre de las guerras de la última década, comencé a leer sin ningún criterio por una marca que en su día dejé en el libro.

¿Siria, 2016? No, Kósovo 1999

La cosa empezaba así: “Los ataques aéreos causan verdaderos daños y son visualmente impresionantes, debilitan la infraestructura del enemigo (…) pueden disuadir, inhibir y limitar, lo que no pueden hacer es desalojar una ocupación verdaderamente tenaz por parte de un enemigo dispuesto a soportar bajas y esperar a que cese la ofensiva”. No podíamos comenzar mejor, y es que todo sonaba ya más actual de lo que cabía esperar. Pero el aldabonazo que me hizo recapacitar fue el siguiente: “Se está haciendo daño al enemigo, pero no se le está derrotando. La frustración va en aumento (…) Para colmo, entonces había cientos de miles de refugiados cruzando la frontera en tropel, inundando los países limítrofes”. ¿Siria, 2016? No, Kósovo 1999.

¿Son suficientes los argumentos morales para intervenir militarmente en un país soberano?

Y es que pese a las diferencias entre un conflicto y otro, las preguntas que se planteaban en la escena internacional entonces eran las mismas que siguen llenando hoy los bienpensantes editoriales y columnas de opinión de los periódicos. ¿Son suficientes los argumentos morales para intervenir militarmente en un país soberano? ¿Cuánto tiempo se debe dejar a la diplomacia antes de plantearse otras vías? ¿Los intereses económicos y políticos enturbian o aclaran este tipo de actuaciones? El arquitecto de la tercera vía británica que para entonces estaba recién llegado a Downing Street tras reconducir el laborismo se planteaba así las pros y contras de una intervención terrestre en Kósovo para cercar y derrotar a las tropas de Milósevic.

Siria, plan B

Con el prisma del tiempo concluimos que la misma determinación que le llevó a solicitar con particular ahínco a su socio Bill Clinton la participación estadounidense en la intervención terrestre en Kósovo, y el relativo para unos y contundente éxito cosechado para otros de la operación en los Balcanes, fue el mismo que le llevó a errar en la Guerra de Irak. Una guerra que desde el primer momento tenía un plan B por si no se llegaba a producir, pero que carecía de él para el día después de derrocar a Sadam Hussein. El plan B de la antigua Yugoslovia en su día se llamó Europa. Una Europa que, como ahora en Siria, miró para otro lado hasta que sus fronteras se vieron acosadas, pero que finalmente supuso el catalizador tras el conflicto para visualizar las necesarias metas que necesitan los pueblos para seguir avanzando.

Los paralelismos siempre son ficticios y engañosos, y la mayoría de las veces odiosos para una de las partes. Sin embargo, esta lectura de verano acaba con una reflexión. Los mismos principios que te pueden llevar a buscar el bien en todo momento no son suficientes para garantizar el éxito de la tarea comenzada. Idénticos valores te pueden llevar al éxito o al fracaso si no parten del análisis correcto de la situación. Un análisis que por ahora no es unívoco en el caso de Siria, y posiblemente ésta sea la principal causa de no haber dado aún con la respuesta certera.

Publicado originalmente en bez.