Hacia una industria de Defensa europea. Ya era hora.

Europa se pone las pilas en materia de Defensa (Finally!). Esta semana la Comisión Europea anunció el lanzamiento del European Defence Action Plan, bajo la idea motriz de potenciar la industria europea de Defensa.  Con el objetivo de generar incentivos a la investigación, desarrollar programas conjuntos de armamento y equipamiento, y promover la eficiencia en el gasto, el Plan prevé actuaciones en tres líneas estratégicas:

En primer lugar, con la creación de un Fondo de Defensa Europeo. Ya anunciado en el discurso sobre el Estado de la Unión de Juncker de septiembre de 2016, este fondo funcionará a través de dos vías (o “ventanas”):

  • Por un lado, actuará como financiador de proyectos conjuntos de investigación tecnológica en áreas como la electrónica, los metamateriales, el desarrollo de software encriptados o la robótica. La financiación de esta “ventana de investigación” correría a cargo del presupuesto comunitario, en una contribución que ya se contempla en los presupuestos de 2017, y que se espera alcance los 90 millones en 2020. Por algo se empieza.
  • Por otro, funcionará como catalizador del gasto conjunto en capacidades de defensa consensuadas por los Estados miembros, actuando como herramienta financiera para facilitar un gasto público más eficiente. Esta “ventana de capacidad” del Fondo se financiaría con cargo a las contribuciones de los Estados, y se estima que podría movilizar hasta 5 billones de euros al año. Además, la Comisión prevé que estas transferencias de fondos no computen a efectos de reducción de déficit. Dato, como poco, llamativo en la era de la ortodoxia presupuestaria.

En segundo lugar, la Comisión prevé apuntalar la labor del Banco Europeo de Inversiones en el apoyo a la innovación de las PYMES y proveedores del sector de la defensa. Asimismo, se lanzarán medidas de formación profesional para garantizar la existencia de un capital humano capaz de generar innovación en la industria.

Por último, el Plan pretende potenciar las condiciones para el desarrollo de un Mercado único para la Defensa a través de la implementación práctica de las ya existentes directivas de Adquisiciones y Transferencias.

En esta partida por la suficiencia tecnológica en materia de Defensa hay mucho en juego. Para empezar, la eficiencia en el gasto de unos Estados muy presionados para mantener sus cuentas públicas equilibradas. Se estima que la falta de cooperación en defensa cuesta cada año a los países miembros entre 25.000 y 100.000 millones de euros por la ineficiencia de sus inversiones en el sector. Esos son unos cuantos puntos de déficit sobre el PIB que podrían destinarse a otras partidas. Por otra parte, según cálculos de la Comisión, el lanzamiento de una política de industria de defensa común podría generar 1,4 millones de empleos de alta cualificación; una idea en la que españoles, griegos o portugueses estén probablemente interesados. Y qué decir de las numerosas aplicaciones civiles de la investigación militar: sin la investigación tecnológica en Defensa no podrías calentar tu tazón de leche en 30 segundos, ni comprar sin salir de casa. Y tu móvil no sabría decirte si en la Castellana hay Pikachus.

Pero volvamos a cuestiones más estratégicas y aburridas. Este paquete de medidas ambiciona dotar a la Política Exterior y de Seguridad de la UE de capacidades reales de actuación allí donde sea necesario. Por impopular que pueda resultar la opinión, la fuerza armada es un instrumento legítimo de toda política exterior; y, a veces, su uso es necesario. ¿Cómo estaría ahora la situación en el Sahel si Francia no hubiera intervenido en Mali para parar los pies a grupos yihadistas? En otro ámbito de la Defensa, en lo que va de año el CNI ha tenido que parar 19.000 ciberataques a redes, empresas y administraciones españolas; unos ataques que cada vez están más sincronizados para potenciar sus efectos nocivos. Ante esta situación de inseguridad creciente, la necesidad de unir fuerzas con nuestros socios europeos es más que perentoria. Y la creación de una verdadera industria de defensa comunitaria que sirva como base para la respuesta a estas necesidades, también.

Miremos por último a nuestro entorno. Un vecindario en llamas, un socio estratégico cuyo nuevo presidente flirtea con la idea de replegarse en sí mismo y desentenderse de la defensa europea, y unos nuevos poderes regionales en ascenso que sí apuestan por sus industrias. En estas circunstancias, ¿estamos realmente dispuestos a perder las habilidades tecnológicas necesarias para continuar “en la brecha”? ¿Estamos dispuestos a ir a remolque de terceros países que, comprensible y legítimamente, serán en el mejor de los casos reacios a compartir su tecnología?

Estas y otras preguntas serán respondidas por el próximo Consejo Europeo del 15 y 16 de diciembre. De momento, sobre la mesa hay una reciente votación del Parlamento a favor de una Unión Europea de la Defensa, un 66% de ciudadanos que desean una mayor integración en materia de seguridad y defensa; y ahora,  un paquete concreto de medidas por parte de la Comisión.

Parece que el enano político comienza a aspirar a algo más que a ponerse de puntillas para mirar por encima de la mesa cuando empiezan los problemas.

¿Tú qué opinas?