¿Pero esto no era una Comisión más política?

El pasado 1 de marzo el Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, presentaba su “Libro Blanco” sobre el futuro del proceso de integración. En dicho documento, se planteaban hasta 5 escenarios distintos sobre cómo se podría desarrollar el proyecto comunitario en adelante. A saber:

  1. Seguir igual que hasta ahora, muddling through
  2. Focalizarnos en exclusiva en el Mercado Interior
  3. Consolidar la Europa de las múltiples velocidades
  4. Integrarnos menos pero mejor
  5. Crear una especie de federación europea, pero sin concederle tal nombre.

Más allá de la valoración de las distintas opciones planteadas por la Comisión, sorprende la ausencia de una preferencia clara por alguna de ellas. Atendiendo a la visión histórica de dicha institución comunitaria, lo lógico sería pensar que la apuesta de la Comisión sería por el escenario 5, el de una mayor integración por parte de todos los socios, aunque en el documento no se encuentran por ninguna parte guiños en este sentido (o en cualquier otro). Eso sí, vemos toda una hoja de ruta (un tanto imprecisa) sobre presentación de nuevos documentos y amplios debates con actores un tanto difusos, situando en el horizonte final las elecciones al Parlamento Europeo de 2019.

Tradicionalmente, la Comisión había intentado guiar el proceso de integración, sabiendo perfectamente que no podía obligar a los Estados miembros a caminar donde no quisiesen. En esta ocasión, directamente asume un rol mucho más secundario, más bien como una especie de animador del debate (de un debate que, por cierto, ya empezó con el anuncio de Tusk tras el referéndum británico de que se iniciaba un proceso de reflexión conjunto), con la esperanza de que se le tenga en consideración. Y seamos justos, hay que decir que ha logrado un cierto éxito en este sentido. Analistas, periodistas y políticos hablan de los escenarios del Libro Blanco y explicitan en muchas ocasiones sus preferencias al respecto.

No obstante, esto parece muy pobre teniendo en cuenta las palabras de Juncker cuando asumió el cargo: “Esta Comisión va a ser muy política” (en clara crítica velada a las Comisiones Barroso que le precedieron). No parece que la elaboración del Libro Blanco concuerde exactamente con esa voluntad de actuación. Más bien da la impresión de que la Comisión ha acabado por asumir que los cambios que se han producido en la Unión Europea en los últimos años tienen un carácter estructural. Y que, por tanto, los Estados miembros han ganado la batalla. Más intergubermentalismo a costa de la Comisión Europea.