Notas a vuelapluma sobre el #EU60

Hoy celebramos los 60 años de la firma de los Tratados en Roma, ese compendio de intenciones que evolucionaría hacia lo que hoy conocemos por Unión Europea. Un proyecto de unión para la paz que no hemos visto repetirse en ningún otro rincón del mundo, que ha sido valedor de un Premio Nobel y un ejemplo sin precedentes de cooperación entre países. Hoy, sin embargo, llegamos alertados a esta cita por varios motivos:

  • La falta de crítica en los eventos conmemorativos que han tenido lugar desde las instituciones y desde las asociaciones europeístas. La complacencia no es buena compañera cuando se enfrentan tantas críticas y tanta falta de comprensión desde la sociedad civil. La falta de empatía de aquellos que aspiran a representar a la mayoría está siendo utilizada por fuerzas políticas con poca voluntad de construir.
  • La UE ha estado demasiado tiempo decidiendo a puerta cerrada. El hecho de que instituciones poco conocidas por la ciudadanía hayan legislado por la vía rápida, especialmente durante la crisis económica, ha contribuido a despertar el recelo nacionalista.
  • En apenas un lustro, la evolución del sistema de partidos ha traído a Europa una nueva realidad política: se consolida el fervor nacionalista con partidos euroescépticos, frecuentemente de extrema derecha, y se desploman los partidos socialistas y laboristas (con Portugal como única excepción, quizás).
  • El brexit ha abierto un periodo de reflexión inédito en la historia comunitaria. Nunca, hasta ahora, se había puesto sobre la mesa de una manera tan explícita la posibilidad de echar marcha atrás y deshacer lo andado. Oliendo los problemas, la Comisión de Juncker ya dio pasos en este sentido, y ha vaciado de mucho contenido a las instituciones a través de ‘Better Regulation Package’, a costa de quitarle a Bruselas esa pesada fama de ente burocrático e incomprensible.
  • Los 60 años llegan con varios frentes abiertos: Estados Unidos y Turquía han pasado de aliados estratégicos a socios de los que fiarse poco; Putin como desafío a tomarse muy en serio en términos de seguridad, propaganda y ganas de interferir en los resultados electorales del continente; a nivel regulatorio, la UE tiene aún que resolver el ‘Dieselgate’, a sabiendas de que su credibilidad está mermada y de que probablemente tendrá que mostrar mano dura con una industria de gran peso en el contiente, en pleno litigio anti-competencia con gigantes globales como Google y Apple. Mientras, gestionar cómo poner en marcha la Europa a varias velocidades sin alejar aún más a socios que cada vez están dando más dolores de cabeza, como Polonia.

La UE cumple 60 años y sigue siendo aburrida y lejana. Y aunque se perciben buenos cambios y mayor dinamismo en términos de comunicación, sus principales enemigos siguen siendo dos viejos conocidos: el nacionalismo y el desconocimiento.