La nueva Italia autonómica

Si bien es cierto que todas las regiones europeas con aspiraciones independentistas están mirando lo que está sucediendo en Cataluña estos días, para copiar o no su estrategia, es interesante observar el movimiento que se ha producido tanto en Véneto como en Lombardía. Ambas regiones han cambiado sus aspiraciones secesionistas por las de mayor autonomía, siendo la segunda más apoyada por partidos políticos y ciudadanía que la primera.

Los líderes de Liga Norte de ambas regiones promovieron el pasado mayo un referéndum -no vinculante- para iniciar con Roma el cambio de estatuto de sus regiones hacia regiones con mayor autonomía. Eso es lo que sucedió el pasado 23 de octubre.

Para entender estos movimientos en su contexto, podemos decir brevemente que las veinte regiones italianas tienen dos niveles de autonomía: regiones con estatuto ordinario (15) y regiones con estatuto especial (2 de ellas concebidas para rebajar las tensiones secesionistas existentes, Sicilia y Cerdeña, y las 3 restantes por cuestiones étnicas e idiomáticas: Valle de Aosta, Trentino-Tirol del Sur y Friuli-Venecia Julia). Para hacernos una idea de la diferencia entre ambos niveles autonómicos: la región de Trentino-Alto Adigio (con un millón de habitantes) con estatuto especial tiene el mismo presupuesto que la región de Veneto (con 5 millones de habitantes), con estatuto ordinario. Esta es la cuestión fundamental.

Las posiciones ante los referéndums no son ideológicas, son geográficas. De un lado, tenemos al Gobierno central: Roma mantiene su negativa a este tipo de referéndums porque si ambas regiones consiguiesen más autonomía, éstas podrían quedarse con el 90% de los ingresos tributarios (haciendo peligrar el conjunto del Estado de bienestar) y por su elevado coste: 50 millones de euros en el caso de Lombardía por implementar el voto electrónico como prueba piloto y 14 millones de euros en el caso veneciano con votación tradicional.

De la parte pro-autonomía tenemos a la Liga Norte [Lega Nord es un partido xenófobo de extrema derecha que busca la independencia de todo el Norte de Italia, la denominada Padania], a los Gobernadores y a la mayor parte de los partidos políticos que tienen presencia en esas regiones. Ambos líderes defienden que su demanda de mayor autonomía -e ingresos para financiarla- está respaldada por la Constitución italiana en su artículo 116. Es tal el órdago que Roberto Maroni, presidente de Lombardia y segundo de la Liga Norte dijo que esperaba que ‘el gobierno estuviera dispuesto a negociar porque, de lo contrario, su negativa no sería contra los gobernadores [de las regiones] sino contra la gente’. Es un argumentario que nos resulta familiar a este lado del Mediterráneo.

El propio Maroni ha sido el político más activo en campaña debido a las similitudes de su referéndum con el celebrado en Cataluña el pasado 1 de octubre. A este respecto, afirmó: “El referéndum de Lombardía el 22 de octubre es diferente al de Cataluña, porque es un referéndum considerado ilegal por el gobierno español que pide la independencia. [Nosotros] estamos trabajando dentro de la unidad nacional”. Respecto a la fuga de capitales en Cataluña, añadió: “podría decirle a las grandes multinacionales que buscan invertir en Europa: sabes que si vienes a Milán, durante dos o tres años no haré que pagues impuestos”.

Al cierre de las urnas, la participación en Veneto ha rondado el 60% (la participación mínima requerida era del 50%) y el 30% en Lombardía. Es con la participación, y no tanto con su favorable resultado, con lo que lucharán tanto el gobierno central en Roma como las regiones para negociar en la cesión -o no- de competencias y recursos.

Si la Liga Norte es claramente un partido independentista, ¿se conformarán solo con más autonomía?