La Europa a dos velocidades llega a la defensa

Tras décadas (sí: décadas) a vueltas y vueltas sobre si la UE avanzaba o no en el ámbito de la defensa, por fin comienza a verse la luz al final de este dilatado túnel. En el Consejo de Asuntos Exteriores celebrado esta semana, los Estados miembros han dado el pistoletazo oficial a la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO, por sus siglas en inglés) en materia de Defensa. Así, 23 de los 28 países miembros –todos menos Reino Unido, Dinamarca, Portugal, Irlanda y Malta– se han comprometido a comenzar a integrar y coordinar sus capacidades de defensa. El número de países adheridos parece que aumentará de 23 a 25, con la incorporación de Irlanda y Portugal. Es la dinámica que nos espera con las dos velocidades: un grupo de países lidera y deja la puerta abierta al resto para cuando decida sumarse.

¿De dónde venimos? 

  • En octubre de 2016, Alemania, Francia, Italia y España enviaban a sus socios una carta en la que reclamaban una defensa europea autónoma en el terreno operacional e industrial.
  • En noviembre de 2016, el Consejo aprobaba una ambiciosa hoja de ruta para poner en pie la Europea de la Defensa en los próximos años.
  • En diciembre de 2016, la Comisión presentaba el European Defence Action Plan para potenciar la industria europea de Defensa.
  • En junio de 2017, abría sus puertas el cuartel militar de la UE para planificar y conducir a nivel europeo misiones no ejecutivas (es decir, las que no inmiscuyen temas de combate) como las actualmente en curso en Mali, Somalia y República Centroafricana.
  • En noviembre de 2017, los Estados miembros se comprometieron oficialmente a poner en marcha una cooperación estructurada permanente en materia de Defensa.

Y ahora, por fin, echamos a andar. Lo que esta semana ha aprobado el Consejo es la Decisión por la que formalmente se pone en marcha la PESCO. Ahora, los 23 Estados que han suscrito su intención de avanzar en la parcela defensiva deberán acordar una lista de proyectos concretos y tangibles con los que, poco a poco, ir construyendo esa Europa de la Defensa. Entre ellos, programas en ámbitos como la formación, el desarrollo de capacidades y la disponibilidad operativa en materia de defensa.

¿Pero cómo va a funcionar esta Cooperación Estructurada Permanente? Pues a través de una lógica intergubernamental. Aunque instancias comunitarias como la Agencia Europea de Defensa (EDA), el Estado Mayor de la UE o la Alta Representante participarán en la recomendación de los proyectos a acometer, será el Consejo quien tenga la última palabra para decidir qué proyectos se llevan a cabo. Esta dinámica no es la que más beneficia a los intereses comunitarios, ya que su avance queda supeditado a las negociaciones entre estados sin que haya una institución que vele por los intereses generales. En muchas ocasiones nos hemos lamentado de esta dinámica, especialmente en la crisis del euro… Queda por ver cómo esto se acomoda a la coordinación en materia de defensa.

No obstante, estas instancias comunitarias sí que se encargarán de velar por el cumplimiento de los 20 requisitos que todos, voluntariamente, se han comprometido a asumir hasta 2025 para entrar en la PESCO. Entre ellos, incrementar de forma regular la inversión real en Defensa (pago de salarios o mantenimiento de infraestructuras aparte) para que represente al menos el 20% del total, involucrarse en al menos uno de los proyectos concretos que se impulsen y someterse a revisiones periódicas de los progresos realizados. Eso sí, ni una palabra sobre alcanzar ese 2% del PIB en gasto en Defensa prometido ante la OTAN desde 2014 y que prácticamente nadie cumple a día de hoy dentro de la UE.

Y es que, pese a lo bien que suena todo esto, hay otro gran pero: la gran mayoría de estos requisitos están redactados en términos que dejan mucho (o mejor: demasiado) a la libre voluntad de los Estados. Por ejemplo, se fija como criterio el “jugar un rol sustancial [signifique esto lo que signifique] en el desarrollo de capacidades defensivas comunitaria”, el asumir “una implicación intensiva [aham… OK] en el Fondo Europeo de Defensa”, o el “compromiso a considerar el uso conjunto de las capacidades ya existentes”. No nos queda otro remedio que criticar esta serie de vaguedades y falta concreta de exigencias en la asunción de compromisos –que necesariamente dificultará la labor de supervisión comunitaria–, por mucho que la explicación sea que se trata de un área en la que nadie ha querido avanzar en más de medio siglo.

En cualquier caso, se hace camino al andar, y el formato de la PESCO implica que quienes quieran avanzar más rápida y profundamente podrán hacerlo con independencia de lo que quiera hacer el resto. De momento, los cuatro grandes (Alemania, Francia, Italia y España) ya han dejado patente que apuestan por avanzar de forma decidida y real. Ahora, veremos cuántos países se involucran en los proyectos concretos aprobados y hasta qué punto.

Parece que la Europa a dos velocidades llega para quedarse y aquí está su primera gran muestra. Lo seguiremos de cerca…