El Storydoing como política comercial europea

Donald Tusk, Shinzo Abe y Jean Claude Juncker. Julio 2018. Fuente pública: Government of Japan.

La fuerza de los hechos suele ofrecer, salvo excepciones, mayor poder de persuasión que la de las palabras, es lo que en comunicación conocemos como el paso del ‘story telling’ al ‘story doing’. Es decir, no sólo basta con pregonar tu visión del mundo y la sociedad, si no que tus hechos también deben reflejar esa concepción en cada una de las facetas de tu día a día. La narrativa es importante para comunicar los valores que justifican tus acciones, y en el caso de la Unión Europea, vital para apuntalar un proyecto de convivencia atacado desde los discursos nacionalistas y populistas que entraron en el continente al calor de la crisis económica.

En el caso de la política comercial la Comisión Juncker ha visto en el Acuerdo Económico con Japón la punta de lanza perfecta para posicionarse como adalid del libre comercio frente a un Estados Unidos cada vez más proteccionista y desconfiado del multilateralismo bajo la Administración Trump. Este pasado mes de junio, Juncker y Tusk oficializaron el principio de acuerdo económico llegado con el gobierno de Abe. Un acuerdo que tiene por objetivo favorecer el comercio de bienes y servicios con la tercera económica mundial.

Actualmente la UE exporta al país nipón más de 86.000 millones de euros al año en bienes y servicios, y se calcula que la aplicación del acuerdo aumentará estas cifras en un 13%, a la vez que genera un ahorro de 1.000 millones de euros al año en aranceles. Según las autoridades comunitarias, uno de los sectores que encontrará mayores oportunidades tras la ratificación del acuerdo por el Parlamento Europeo y los estados miembros, será el agroalimentario. De hecho, el 85% de sus productos cárnicos, lácteos, vinícolas, etc, podrán entrar al mercado japonés sin aranceles, algo que estaba lastrando su competitividad. Cabe destacar la excepción del arroz, producción que por su valor estratégico e histórico en Japón ha quedado fuera del pacto. Además, por citar otro de los sectores clave para ambas partes, como es el de la automoción, el principio de acuerdo ha conseguido la homologación de las normas internacionales de seguridad y cuidado del medio ambiente, por lo que los vehículos japoneses y europeos no tendrán que pasar controles adicionales en este sentido al entrar a competir en cualquiera de los dos mercados.

Este acuerdo supone toda una declaración de intenciones que devuelve a Europa a una posición de liderazgo y referencia del libre mercado en la escena internacional. Juncker así lo demostró durante su estancia en Japón asegurando que en lo que a la UE respecta, “no hay protección en el proteccionismo. Y no hay unidad en el unilateralismo”. De hecho, el presidente de la Comisión señaló como prioridad en el discurso del estado de la Unión realizado hace solo unos días el cierre de este acuerdo económico antes de concluir su mandato. Entre sus puntos a favor para conseguirlo se encuentra el hecho de que la política comercial al ser una competencia exclusiva de la UE no tendrá que ser ratificado por todos los parlamentos nacionales de los países miembros, algo que sí está lastrando la aplicación del CETA con Canadá.

Europa acierta en este sentido con los valores comerciales que inspiraron desde sus inicios el proyecto comunitario. Y es que parece que la Unión siempre presenta menos dificultades para trasladar esos principios al aspecto puramente económico, algo que no ocurre cuando debe plasmarlo en políticas de carácter más social pero igual de estratégicas, basta mirar al Mediterráneo.

 

Fotografía: Donald Tusk, Shinzo Abe y Jean Claude Juncker. Julio 2018.
Fuente pública: Government of Japan.