Un ‘Brexit’ en mitad de la carretera

Decía Margaret Thatcher que “quedarse en mitad de la carretera es peligroso, pues te atropella el tráfico por ambos sentidos”. Esta frase de la controvertida ex-Primera Ministra, que aludía al partido Liberaldemócrata, bien se puede aplicar hoy al Brexit. Y es que las propuestas de Theresa May para materializar la salida de la UE no contentan ni a los partidarios del “Brexit duro”, ni tampoco a los “Bremainers”.

El pasado 20 de octubre el rechazo al Brexit quedó patente en una multitudinaria manifestación, que congregó en Londres a más de medio millón de participantes, muchos de ellos jóvenes que en su día no tenían edad para votar. Convocados por la plataforma ‘People´s vote’, defendieron que los británicos se puedan pronunciar sobre el acuerdo que finalmente adopte Theresa May con las instituciones de la UE. Otros, como el alcalde de Londres, Sadiq Khan, apoyan incluso la celebración de un segundo referéndum sobre la pertenencia o salida de la UE.

Mientras, el sector más euroescéptico, encabezado por líderes como Boris Johnson o Jacob Rees-Mogg, está en pie de guerra. Y con más dureza desde que May anunciara su Plan Chequers, que básicamente aboga por una “vía intermedia”, en la que se mantuviera un área de libre comercio con la UE en materia de circulación de bienes, así como un estatus especial para la circulación de servicios. Ello, no obstante, implicaría que el Reino Unido se seguiría sometiendo a la normativa europea en esas materias, para evitar controles fronterizos. Una normativa que el Reino Unido tendría que aplicar sin poder participar en su elaboración. Este punto irrita especialmente a los partidarios del ‘hard Brexit’ que ya han empezado a movilizarse en medios afines, y esperan una excusa para hacer caer a la Primera Ministra (una dinámica que en la política británica es bastante habitual, como pasó, precisamente, con Margaret Thatcher en 1990, quien tuvo finalmente que dimitir)
La Unión Europea no quiere un Brexit a la carta y, por tanto, rechazó de pleno el Plan de Chequers de May.

Una UE que, por su parte, se ha mostrado muy firme y unida en las negociaciones sobre el Brexit. Sin embargo, la situación no parece moverse mucho. Así, el Consejo Europeo admitió el pasado 18 de octubre que “no se han logrado avances suficientes”. Donald Tusk iba más allá, con su habitual estilo muy directo, al afirmar que “es más probable que nunca que las negociaciones acaben sin acuerdo”. Algunos ya plantean (como la propia May) ampliar el período de transición, previsto en principio hasta el 31 de diciembre de 2020. Y es que quedan aún sobre la mesa cuestiones clave como la situación de los residentes comunitarios en territorio británico, la futura cooperación económica y comercial entre el Reino Unido y la UE, o una de las más complicadas: evitar una frontera física entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, lo que podría poner en peligro los Acuerdos de Viernes Santo que pusieron fin a décadas de violencia. En este sentido, May ha propuesto que se incluya a Irlanda del Norte dentro del mercado único, al igual que el resto de la isla, miembro de la UE. Pero esto no contenta al Partido Democrático Unionista (DUP), pro-brexit, que defiende que se apliquen en Irlanda del Norte las mismas condiciones que en el resto del Reino Unido.

Las cosas se complican para Theresa May, ya que el DUP es su socio fundamental y podría hacer caer al Gobierno; mientras, debe afrontar el “ruido de sables” en su propio partido y avanzar en las negociaciones con la UE. Estas, como muy tarde, deberían aprobarse en diciembre, con cierto margen antes de la fecha efectiva de salida, teóricamente el 29 de marzo de 2019. Los guionistas de “House of Cards” o “Juego de Tronos” podrían tener aquí una fuente interesante de inspiración. De momento, parece haber salido airosa de las maniobras de su propio partido (el llamado “Comité 1922”) y ha pedido, una vez más, paciencia en sus filas. Pero, ¿hasta cuándo aguantará así?

Claro que no sólo May está arriesgando su futuro. Europa (y también España, como describía Salvador Llaudes aquí) se juegan mucho en las negociaciones del Brexit. Los manifestantes que llenaron recientemente las calles de Londres parecen ser conscientes de la pesada losa que supone un futuro fuera de la UE, especialmente, para los más jóvenes y para sus oportunidades. De esta situación puede salir Brexit “en mitad de la carretera”, que no contente plenamente ni a defensores ni a detractores. O también, un Brexit sin acuerdo, del gusto de los “brexiteers” más duros, pero con el que el impacto de la salida sea más contundente. Lo que definitivamente suceda está todavía en el aire, y habrá que estar atentos a ver si en la próxima reunión del Consejo Europeo se acercan algo las posiciones de ambas partes.