El futuro de los acuerdos de libre comercio: ¿qué papel quiere jugar la Unión Europea?

El sistema multilateral de comercio está cambiando drásticamente tras los desajustes producidos en la geopolítica global en los últimos años. Tal revulsión se visualiza en la fatiga de la globalización a ojos de políticos y ciudadanos en vista de que el incremento de flujos comerciales no ha traído consigo, y de forma proporcional, mayor prosperidad, estabilidad e igualdad. Por su parte, la Unión Europea ha otorgado al libre comercio gran prioridad en su apuesta por desarrollar nuevos acuerdos comerciales con otros países o bloques. Con ello, Bruselas confía en que la integración comercial global continúe y las cadenas de suministro estén cada vez más interconectadas.

En este contexto, la creciente desigualdad socioeconómica que presentan las comunidades europeas, unida a las tensiones sociales y políticas y los retos medioambientales del continente, ha puesto en cuestión más que nunca que el libre comercio, y la globalización, sean la panacea del bienestar. Son muchas las voces que claman que los beneficios de la globalización están mal repartidos. Los últimos acontecimientos políticos a escala mundial, y sus distintas expresiones como el auge del populismo, el proteccionismo y las retóricas nacionalistas, han sacudido fuertemente las relaciones comerciales.

Este fenómeno lo hemos vivido recientemente en primera persona, a nivel europeo, con el amplio frente social de rechazo al TTIP, el tratado de libre comercio de la UE con Estados Unidos. La incapacidad política ha sido la otra causa. La fuerte movilización contestataria ha podido abrir un nuevo capítulo en las relaciones comerciales de la Unión Europea con el resto del mundo. La Comisión Europea haría bien en tomar nota de estas posiciones, cada vez de mayor calado popular, a la hora de marcarse una agenda comercial tan ambiciosa como la actual. Aún así, a nivel europeo y global la tendencia a levantar restricciones en las importaciones y exportaciones entre países continúa en ascenso.

El Acuerdo de Libre Comercio entre la UE y Canadá, el CETA, en pleno proceso de ratificación en los países miembros de la Unión, es el ejemplo más reciente y apunta el camino a seguir de su política comercial. Se trata del primer gran acuerdo comercial firmado por la UE desde que el acuerdo con Corea del Sur que se aplica desde julio de 2011. En la agenda quedan acuerdos como los que se proyectan con Australia y Nueva Zelanda, Mexico. El tratado de libre comercio más ambicioso que en la actualidad (aunque los contactos se llevan dando hace años) negocia la UE con Mercosur, el bloque de países formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Venezuela está suspendida) y que algunos confían en que se pueda firmar antes de finales de año.

A continuación desgranamos algunos rasgos del comercio global hoy:

  • Auge del nacionalismo económico: el miedo a la globalización, la creciente desigualdad que ha dejado la crisis y, en paralelo, el populismo, han propulsado mensajes como “Buy American” o “British jobs for British workers”, con un sorprendente calado entre la población general. Además, la pertenencia a organizaciones internacionales ha dejado de verse como una oportunidad ante los crecientes recelos por la pérdida de soberanía. El nacionalismo económico también está vigente en China, con su estrategia “Made in China 2025”, a través de la cual pretenden aumentar masivamente la actividad de sus sectores productivos incrementando la producción de bienes y servicios.
  • Pérdida de peso del bloque comercial occidental: la economía global ha crecido a un ritmo más rápido que la europea y la estadounidense durante los últimos años. El comercio es más multilateral y tiende a concentrarse en Asia. La importancia de acuerdos comerciales en la zona continúan creciendo tras el anuncio de que once países de la cuenca del Pacífico decidieran proceder con el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP en sus siglas en inglés) que quedó en el limbo después que Estados Unidos se retirara del tratado. El otro gran acuerdo comercial que se negocia en dicha región es el Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP). En él se agrupan los países de ASEAN y otros de la región con los que ya hayan suscritos acuerdos de libre comercio: Australia, Brunei, Camboya, Corea del Sur, China, Filipinas, India, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar, Nueva Zelanda Singapur, Tailandia, Vietnam.
  • El multilateralismo abre paso a liderazgos fragmentados: nos dirigimos hacia la convivencia diferentes estándares de representación política mundial. El bloque monolítico, homogéneo y dominante que primó durante años está siendo puesta en duda por el proteccionismo y el deseo de acuerdos bilaterales. La retirada de EEUU del TPP y la salida del Reino Unido del mayor mercado único del mundo han sido dos fenómenos que han puesto en boga esta tendencia.
  • La diplomacia económica: nuevamente nos fijamos en China, ya que su puesta de largo como actor global tiene mucho que ver con esto. Especialmente relevante es la habilidad de su clase dirigente para asegurar el crecimiento del país y mantener cierto contrato social.

Claves de las elecciones alemanas

Tras la jornada electoral del domingo 24 de septiembre en Alemania, compartimos a continuación estas cápsulas de análisis sobre los resultados electorales y sus implicaciones para Europa:

  • Finalmente, las urnas le han dado a Merkel un resultado peor del que pronosticaba cualquier encuesta. Con todo, el receso es muy controlado si tenemos en cuenta el propio coste y desgaste políticos: estamos hablando de una campaña para aspirar nada menos que a un cuarto mandato y con un tema en la agenda política, los refugiados, que han polarizado las posiciones respecto a su partido.
  • Las elecciones alemanas vienen a confirmar lo que ya se apuntaba en otros sitios de Europa: lo migratorio es uno de los ejes políticos inevitables en la política europea. Da igual que los refugiados y los inmigrantes económicos no sean lo mismo; da igual que los refugiados musulmanes estén huyendo del horror y la persecución. Da igual y ya no hay vuelta atrás. Las sociedades europeas consideran la inmigración y la integración como un problema que, situado en el top de las prioridades, alimenta a partidos xenófobos y autoritarios en todos los rincones del continente.
  • Con el 13% de los votos (y alrededor de 87 escaños), Alternativa por Alemania, AfD por sus siglas en alemán, se coloca como tercera fuerza. Sube con fuerza desde los resultados que obtuvo en 2013 (4,7%) y se coloca como segunda fuerza en ‘Alemania del Este’. Se definen como derechistas, nacionalistas y euroescépticos, marcan distancias con el partido nazi NPD, pero bebe de él.
  • AfD hizo bandera del rechazo a los refugiados, a la inmigración y al islam. Merkel ha pagado el desgaste de ser la líder europea que más claramente se posicionó a favor de la acogida, con una campaña feroz por parte de amplios sectores sociales que ha tenido acomodo no solo en AfD, sino también en el FDP.
  • La mayoría de votantes del AfD califican su propia situación económica mala o muy mala además de injusta y provienen, principalmente, de la abstención y del descontento con la CDU y, en menor medida, con los socialdemócratas del SPD y la izquierda de Linke.
  • Por su parte, el Partido Socialdemócrata (SPD por sus siglas en alemán) pierde cinco puntos respecto a las elecciones de 2013, lo que sitúa al partido de Schulz en su peor resultado desde la postguerra, con un 20,7% de los sufragios. Ello es una muestra no sólo del declive del partido, sino también de la reconfiguración del panorama político en un país en el que, como recuerda The Economist, socialdemócratas y cristianodemócratas representaban en total un 80% de los votos. Hoy, el bipartidismo supone apenas un 53%.
  • Recurriendo a una explicación que los politólogos suelen defender habitualmente, es cierto que el fracaso del SPD pudo deberse, en buena medida, al efecto perjudicial de la gran coalición: los votantes tienen problemas para identificar quién adopta qué medidas. En el caso alemán, el SPD logró imponer a Merkel medidas como el salario mínimo, algunas políticas en materia de vivienda o la aprobación del matrimonio igualitario, pero el rédito lo obtuvo el partido de la canciller, pese a que había optado por el perfil bajo.
  • La lectura de la factura que ha pasado la gran coalición a los socialdemócratas les viene bien hoy para justificar su estrategia postelectoral, pero no olvidemos que a principios de año Schulz remontó en las encuestas (superando incluso a la CDU en febrero), y quizá esta caída tenga también que ver con las carencias de su discurso y el déficit a la hora de presentarse como alternativa real a la formación encabezada por Angela Merkel.
  • El Partido Liberal (el FDP, por sus siglas en alemán), por su parte, vuelve al Bundestag tras haber quedado fuera en las elecciones de 2013, cuando no alcanzó el umbral electoral del 5% requerido para entrar en el Parlamento. ) Tradicionalmente europeísta y liberal, bajo su nuevo candidato, Christian Lindner, el FDP ha hablado de economía digital y de reformas, pero también reforzado su faceta liberal en materia económica (defensores de bajos impuestos y menos regulaciones), mientras se ha mostrado muy “prusiano” en el ámbito presupuestario y en el cumplimiento de las reglas de gasto a nivel europeo.
  • Como ya se anunció durante la campaña, los liberales van a pedir el ministerio de Finanzas para formar parte de esta coalición, fundamental durante las últimos años para entender el papel de Alemania con respecto a la crisis de deuda en Europa. En este sentido, el FPD de Christian Lindner apuesta por una mayor dureza con los países deudores, se muestran reticentes a las propuestas de avanzar hacia una mayor integración de los países de la zona euro y defienden poner fin a algunos de instrumentos de solidaridad como el Fondo de Rescate de la UE (MEDE). Una situación que pondría todavía más trabas al ya complejo equilibrio de intereses entre Francia y Alemania. Un acuerdo del que depende que Europa avance finalmente, o no, en las esperadas reformas.
  • La opción más lógica ahora mismo es la conocida como “Jamaica”, los democristianos de Merkel junto a los liberales del FDP y los Verdes. Esta posibilidad no se antoja sencilla, pues tanto liberales como verdes aprovecharán esta oportunidad para intentar sacar el máximo rédito político a la situación, precisamente frente a un CDU/CSU que consolida su posición de liderazgo.
  • En definitiva, nos quedamos preocupados por el ascenso de la formación AfD. Peligra la concepción europeísta de sociedades abiertas en las que muchos creemos y no parece fácil revertirlo. Las sociedades cerradas son más autoritarias, menos prósperas y menos inclusivas, pero el ascenso de los partidos extremistas no es causa sino síntoma. Si Merkel pretende recuperar el votante que se ha ido a AfD veremos qué propuestas adopta, pero no parece que ninguna vaya a ser en beneficio de la UE.
  • Con todo, no debemos subestimar su capacidad para soportar la presión, máxime cuando su gestión como canciller ha estado caracterizada por su flexibilidad ideológica y su capacidad de adaptación, y tratándose además del mandato en el que se preocupará por construir un buen legado como canciller alemana y como líder europea. Ánimo, Merkel. Eres una de nuestras últimas esperanzas.

Notas a vuelapluma sobre el #EU60

Hoy celebramos los 60 años de la firma de los Tratados en Roma, ese compendio de intenciones que evolucionaría hacia lo que hoy conocemos por Unión Europea. Un proyecto de unión para la paz que no hemos visto repetirse en ningún otro rincón del mundo, que ha sido valedor de un Premio Nobel y un ejemplo sin precedentes de cooperación entre países. Hoy, sin embargo, llegamos alertados a esta cita por varios motivos:

  • La falta de crítica en los eventos conmemorativos que han tenido lugar desde las instituciones y desde las asociaciones europeístas. La complacencia no es buena compañera cuando se enfrentan tantas críticas y tanta falta de comprensión desde la sociedad civil. La falta de empatía de aquellos que aspiran a representar a la mayoría está siendo utilizada por fuerzas políticas con poca voluntad de construir.
  • La UE ha estado demasiado tiempo decidiendo a puerta cerrada. El hecho de que instituciones poco conocidas por la ciudadanía hayan legislado por la vía rápida, especialmente durante la crisis económica, ha contribuido a despertar el recelo nacionalista.
  • En apenas un lustro, la evolución del sistema de partidos ha traído a Europa una nueva realidad política: se consolida el fervor nacionalista con partidos euroescépticos, frecuentemente de extrema derecha, y se desploman los partidos socialistas y laboristas (con Portugal como única excepción, quizás).
  • El brexit ha abierto un periodo de reflexión inédito en la historia comunitaria. Nunca, hasta ahora, se había puesto sobre la mesa de una manera tan explícita la posibilidad de echar marcha atrás y deshacer lo andado. Oliendo los problemas, la Comisión de Juncker ya dio pasos en este sentido, y ha vaciado de mucho contenido a las instituciones a través de ‘Better Regulation Package’, a costa de quitarle a Bruselas esa pesada fama de ente burocrático e incomprensible.
  • Los 60 años llegan con varios frentes abiertos: Estados Unidos y Turquía han pasado de aliados estratégicos a socios de los que fiarse poco; Putin como desafío a tomarse muy en serio en términos de seguridad, propaganda y ganas de interferir en los resultados electorales del continente; a nivel regulatorio, la UE tiene aún que resolver el ‘Dieselgate’, a sabiendas de que su credibilidad está mermada y de que probablemente tendrá que mostrar mano dura con una industria de gran peso en el contiente, en pleno litigio anti-competencia con gigantes globales como Google y Apple. Mientras, gestionar cómo poner en marcha la Europa a varias velocidades sin alejar aún más a socios que cada vez están dando más dolores de cabeza, como Polonia.

La UE cumple 60 años y sigue siendo aburrida y lejana. Y aunque se perciben buenos cambios y mayor dinamismo en términos de comunicación, sus principales enemigos siguen siendo dos viejos conocidos: el nacionalismo y el desconocimiento.

 

Contrapost sobre la PAC: ¿a favor o en contra?

Recientemente, nuestros compañeros Álvaro de la Cruz y Vicente Rodrigo mantenían una interesante discusión en Twitter tras una pregunta que lanzaba al aire Javi García Toni: ¿En serio lo que más gasto requiere de Europa son las ayudas agrícolas?

La PAC, Política Agraria Común, existe desde el Tratado de Roma (1957) y fue impulsada principalmente por Francia. A medida que la UE ha ido ganando competencias, la PAC ha pasado de representar el 70% del presupuesto comunitario al 38% actual.

Hoy, nuestros compañeros han querido profundizar para explicarse mejor y hacer gala de una de las razones de ser de nuestro colectivo: somos diversos y tenemos diferentes maneras de ver qué es para nosotros #MejorEuropa. ¿Tú con cuál te quedas?

Álvaro de la Cruz: “Una PAC caduca, injusta y antiecológica”

A nadie se le escapa el origen bondadoso de la Política Agrícola Común europea que buscaba evitar, tras la guerra, que los ciudadanos de Europa volvieran a pasar hambre. Décadas después, la PAC se ha convertido en un gigante que tiene muy graves consecuencias sobre consumidores y medio ambiente. Representando casi un 40% del presupuesto comunitario, este mecanismo no consigue ni llegar a los pequeños productores, ni promover eficazmente una agricultura sostenible. Además, se siguen manteniendo las prácticas fraudulentas de cientos de agricultores y ganaderos para aumentar ilícitamente las cuantías de sus subvenciones.

Así, la PAC ha terminado por impulsar un mercado que sobreprotege a intermediarios y grandes latifundistas (seamos sinceros, ¿necesita ayudas el Duque de Alba?) y los europeos acabamos encontrándonos una cesta de la compra mucho más cara, viendo cómo el proteccionismo extremo del mercado interior –contrario a las posturas que defendemos e impulsamos en la OMC-, infla los precios de los competitivos productos importados y subvenciona los comunitarios con los impuestos de todos. Al final, ni soberanía alimentaria europea, ya que no podemos elegir qué comprar y a qué precio, ni comercio justo, pues hacemos imposible competir a los productores de países en vías de desarrollo (muchos de los cuales apuestan ya por sistemas ecológicos y de reparto justo de los beneficios).

Para más inri, la PAC destina la gran mayoría de sus fondos a países del Mediterráneo, de tal modo que, no sólo se dificulta el desarrollo del negocio agroalimentario en los países del norte, sino que además incide en una agricultura intensiva totalmente perniciosa para ecosistemas como los de España. Sobra decir hasta qué punto los recursos hídricos españoles son escasos (sobre todo cuando el calor aprieta), como para incentivar el cultivo intensivo de frutas y hortalizas como la sandía, el melón, la fresa o el melocotón; todos ellos productos que requieren cientos de litros de agua (huella hídrica). Por no añadir los terribles efectos sobre el sustrato que tiene no dejar reposar los terrenos, el constante uso de abonos químicos, pesticidas, etc. Salvar paraísos de la biodiversidad como Doñana se nos pone complicado cuando millones de euros siguen cayendo a diestro y siniestro desde Bruselas para un sector que representa un 4% del empleo y un 2,5% del PIB. ¡Muerte a esta PAC!

Vicente Rodrigo: “Abandonar la PAC supondría ponernos en manos de nuevos ‘Putin’”.

La crisis del gas con Rusia ha sido uno de los capítulos más desconcertantes de nuestra reciente historia. Vale, los españoles apenas la sufrimos, pero como europeos nos mantuvo en vilo varios días. Europa es un continente pequeño y con escasos recursos naturales, y Putin dejó claro que puede ejercer gran poder sobre Europa. Pues bien, no depender de terceros para la producción de los alimentos básicos también es geoestrategia.

Tendemos a denostar el campo pensando en nuestros agricultores como grandes latifundistas medievales que se enriquecen a costa de las subvenciones de la UE. Es más, pensamos que el campo no es rentable, que no es el futuro, y que deberíamos invertir en otras áreas más ‘punteras’. Trabajando en Bruselas conocí a muchos agricultores que iban a enterarse de qué iba a pasar con la PAC; pequeños empresarios asociados, que apenas se defendían en inglés, preocupados por si la Comisión entendería que no podrían hacer sostenible el cultivo de nuestra tierra sin esta política europea. Y que esta es la política que les ayuda a mantener la dignidad para no ser el eslabón más débil de la cadena alimentaria. Hay precios, como el de algunos cereales, que llevan estancados 20 años; podríamos olvidarnos de cultivarlo e importarlo de otro país, pensaréis muchos. Pero ¿qué pasará en la próxima crisis alimentaria? Los precios serán incontrolables y nos habremos creado nuevos ‘Putin’ para el suministro de lo más básico.

Los expertos nos avisan de que el aumento descontrolado de la población plantea serios problemas para satisfacer la demanda mundial de alimentos en 2050. Por eso la PAC no sólo sirve para proteger la producción de nuestro consumo, sino también permitir que, por ejemplo, el aceite de oliva español sea líder en los principales mercados mundiales.

La PAC también permite investigación e innovación para hacer de la explotación de la tierra una práctica más sostenible. Con el cambio climático, se están deteriorando nuestros suelos y estamos perdiendo biodiversidad. Y para los que se quejan de los aranceles, con la cantidad de Tratados de Libre Comercio que existen, no creo que se pueda considerar que la UE no es un socio comercial injusto.

Incierto es el futuro de la PAC dentro de una Unión cada vez más alejada de los pensamientos de sus ciudadanos pero que, paradójicamente, nunca ha estado más cerca de su día a día. Se trata, sin duda, de tener en nuestros platos los mejores productos, con la mayor calidad y variedad, al mejor precio posible y con el menor impacto ecológico. Para conseguirlo hay diferentes caminos, entre ellos, los que nuestros compañeros han expuesto; ¿y tú cuál tomarías? ¡Mójate!

Gana Trump, ¿implicaciones para Europa?

El escrutinio electoral de las presidenciales de Estados Unidos nos deja otra agónica madrugada que nos recuerda a la noche del 24 de junio con el resultado del referéndum para la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Tras la flamante victoria de Donald Trump, nos vemos en la necesidad de esbozar, a grandes rasgos y a modo de urgencia, las principales consecuencias para Europa:

  • Más alas al populismo: la primera potencia del planeta se rinde al mensaje xenófobo, a la retórica simplista y frentista. El propio eslogan de campaña republicano, “Make America Great Again”, evoca un pasado en que la inmigración aún no había ‘acabado’ con el sueño americano. El triunfo de Trump da alas en Europa a Le Pen y a Geert Wilders, pero también a Orban, a Kaczynski, y a las fuerzas populistas en Austria, Alemania o Finlandia, por sólo citar a algunos.
  • El fin de las élites: se consolida una brecha que supera el debate izquierda – derecha. Auge del voto anti-establishment, el castigo ‘a los de arriba’.
  • El isolacionismo gana al intergubernamentalismo: la victoria de Trump augura una importante erosión del colaboracionismo y la cooperación, especialmente en política exterior. Más que nunca, nos miramos el ombligo y cada país fija su propia lista de prioridades.
  • La inmigración se sitúa en el centro del debate político: en Europa venimos años observando cómo el miedo a perder nuestros estándares sociales está cambiando la dirección del voto en numerosos países, incluso en el Parlamento Europeo. Ya no miramos con ilusión o esperanza nuestro futuro, y eso muchos lo han materializado en el discurso del miedo, agitado cada vez con más énfasis por más partidos políticos en Europa. La inmigración y la gestión de las fronteras son ya el punto más caliente del debate, demostrando que es un mensaje capaz de movilizar hasta el punto de invalidar todas las encuestas y prospectivas.
  • Carpetazo al TTIP: si las opciones para el Acuerdo de Libre Comercio Transatlántico eran complicadas antes de la era Trump, su andadura se complica más que nunca ante el discurso estadounidense más proteccionista que recordamos.
  • Putin y el rearme en defensa: se difuminan los bloques, se instaura una retórica más belicista. Ahora que Estados Unidos ya no es ‘la policía del mundo’, cobran importancia los avances que puedan venir hacia una unión en defensa.
  • Europa, la esperanza del mundo libre: Estados Unidos deja de ser la democracia que nos inspira. Berlín y París, pero también Londres, tienen la responsabilidad de erigirse en adalides de la defensa de los derechos y las libertades civiles, del Estado de derecho, del ‘soft power’; para situarse en el centro, y no en una isla, en un mundo multipolar y tendente al autoritarismo.

Nuestra Europa da muestras de fatiga y tiene muchas razones para el hartazgo, pero está obligada a ser la luz del mundo libre toda vez que Estados Unidos ha sucumbido. La presidenciales francesas serán, sin duda, la gran batalla. Ganarla significa evitar por todos los medios una victoria de Marine Le Pen, un capítulo de nuestra historia donde tendremos que involucrarnos todos los europeos. Todo ello, sin perder de vista las elecciones en Alemania, que vendrán después. Al final, puede que la victoria de Trump sea el revulsivo que Europa necesita para volver a inspirar de nuevo, para ejercer un liderazgo que recupere a sus ciudadanos.

Breves apuntes sobre la victoria del Brexit

Reino Unido es el primer país que activa el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea para abandonarla. La campaña del Brexit ha ganado frente a los que pensaban que el voto en contra se moderaría ante un cambio que generará gran incertidumbre en un momento de inquietud por nuestros estándares sociales.

También parece confirmarse el choque generacional. Los 16 millones de electores que se encuentran entre los 18 y 34 años declaraban un apoyo claro a la permanencia en las instituciones comunitarias. Así lo confirman los primeros datos de YouGov: los jóvenes de 18 a 24 votaron por quedarse en la Unión en un 75% y los electores entre 25 y 49 hicieron lo propio en un 56% . Entre los mayores del 65, este porcentaje se reducía a apenas un 39%.

Se abre un procedimiento inédito en la historia de la UE que marcará para siempre la historia de la integración comunitaria. Reino Unido deberá notificar oficialmente su intención de abandonar la Unión Europea al Consejo Europeo. Es este órgano, que reúne a los jefes de estado y de gobierno de los países miembros, es el que deberá proporcionar las directrices de un “acuerdo para la retirada”. Los Tratados y toda legislación y norma aplicable a los estados dejará de tener vigor en Reino Unido desde la firma de este acuerdo o como máximo 2 años después de la notificación oficial al Consejo.

Más allá de los procedimientos jurídicos, el Brexit sienta un precedente inédito en uno de los que se consideraban temas tabú en Bruselas. No cabe duda de que líderes como Le Pen en Francia y Wilders en Holanda capitanearán una campaña eurófoba para plantear, con más fuerza si cabe, su repulsa a la integración en común y, quién sabe, atreverse a plantear nuevos referéndums que culminen en un sinfín de campañas que separen a los europeos. Nuevamente, nos volvemos introspectivos en un momento en que el mundo no espera.

Estamos ante una nueva dinámica geopolítica en el continente: la Unión Europea versus la Europa de las naciones. Esta dicotomía, cuyo trasfondo veníamos observando en los últimos años, conlleva el resurgir de la idea del Estado-nación.

Los acontecimientos que se produzcan en las próximas semanas serán de gran trascendencia para el futuro de una Unión Europea en horas bajas.

Para leer más: Implicaciones del Brexit para España, de Salvador Llaudes.